jueves, 29 de marzo de 2012
Volvía yo a casa esta tarde noche como cuenta Rosendo que se vuelve de la oficina, y pensando el caso que había escuchado en la fila del colegio, una niña de cinco años comentando que su profe estaba hoy de juerga, suponemos que quería decir de huelga, pero ya se sabe que los chiquillos...y volvía yo llena de excels varias, de números de teléfono y de a ver cuando nos pagan el turno de oficio, un desecho con ganas de encontrar a dos jabatos riñendo por quien se ha comido el peón y quien el caballo, y ponte el pijama y lávate los dientes y a ver que saco del congelador para cocinar mañana, y mira por donde que me he encontrado un jamón ( y alegría que este me toca a mi, querido soci). Pues si, un jamón, en la puerta. y es que un jamón siempre es una alegría. Justo esta mañana, antes del asunto de la confusión entre juerga y huelga, me ha preguntado uno de mis hijos a ver porque ( en concreto el que acabe tirarse ne lancha encima del teclado y decidido que se queda con su mami a dormir en el cuarto de baño, que es desde donde escribo) que porque un niña de su clase, musulmana y de nombre no me acuerdo, había mentido diciendo que había merendado chorizo, cuando ella no come chorizo, porque es musulmana, y a ver porque no come chorizo. Los cerdos son un animal extraordinario. Y no sucede que los musulmanes no coman chorizo por aquello de la triquinosis, como pudiera parecer, que va. Me contó la interprete de árabe del juzgado que el hecho de no comer chorizo es porque consideran que el cerdo, que se lo come todo, es un animal impuro, por el hecho de comerse todo. Como si la impureza la adquiriese uno desde fuera. Craso error. El cerdo es lo más. Y si no mira que alegría me he llevado yo con mi jamón nuevo.
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