miércoles, 28 de marzo de 2012
Hoy , merendando bocadillos de jamón york en le embarcadero a orillas del Ebro, con el sol alentando las tres espaldas de quienes engullíamos los bocatas preparados por mi, me han preguntado mis hijos cuanto rato pasan en sus actividades extraescolares. Yo les he contestado, 45 minutos en musica, 30 minutos en trompeta, una hora en yudo, y bueno, una retaila más de minutos, cuartos de hora y espacios temporales. La siguiente pregunta es que hago yo mientras les espero. Pues que voy a hacer, esperaros. Oigo la radio, leo un libro, hago un recado...y así se han quedado tranquilos, sabiendo que hace su mama en los intervalos temporales que prescinden de ella, y que prescinde de dedicar a cafés varios, porque el recorrido del café con madres es de todos conocido, bastante limitado. Y entonces, supongo que para amenizar la espera del bocadillo, se han puesto a contar chistes de jaimito. Y mira, por ahí, si que no paso. Porque lo peor de ser madre no es comerse las aletas de la merluza, y eso que son odiosas, con tanta espina. Lo peor son los chistes de jaimito, esos tan largos que te olvidas del inicio a mitad del chiste. Esáa bien comerse los restos de bocadillo de chorizo, y hasta las madres de los amiguitos pueden llegar a ser un aliciente en el parque. Pero los chistes de jaimito, eso es infumable. eso, y el tal José Mota. El humor de los chiquillos esta en si mismos, los alrededores dejan mucho que desear, la verdad. A mí, de darme envidia, me dan los superpoderes de los Pokemon. Si yo tuviese superpoderes de pokemon, fulminaría al abogado contrario, incluso me cargaría a su señoría en muchas ocasiones, y si te apuras, hasta al cliente propio. Eso sí que está genial, y no aquello de puños fuera, planeador a bajo, Macingarzeta ni los pechos de Afrodita. Con eso no se llegaba ni a la esquina. No vayamos a comparar la Casa de la Pradera con Phineas y Ferb, y mucho menos con Bob Esponja. Es que nos enseñaron a ser tontos de capirote, ¿ a dónde pretendían que llegarámos? Desde luego, no mucho más lejos de lo que llegaron Heidi y Clara.
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