viernes, 23 de marzo de 2012

Hay quien cree que los ángeles bajan del cielo, de cuatro en cuatro, y se colocan uno a cada esquinita de nuestra camita. Pudiera ser. Yo mantengo otra teoría. Yo creo que los ángeles vienen de uno en uno, y no bajan del cielo, sino del tren Alvia que viene de Barcelona, y al que se han subido después de un viaje de dos horas en avión, desde Liubliana,   capital de Eslovenia, antigua Yugoslavia. Hay quien cree que los angelitos son rubitos, con ojos claros y alas en la espalda, y visten túnicas blancas. Pudiera ser. Yo mantengo otra teoría. Para mí los ángeles tienen el pelo negro, la piel blanca, los ojos oscuros, y una mirada inundada de paz y bondad que te cautiva. Y no visten túnicas blancas, sino ropa oscura, que si te das cuenta, a medida que pasa el tiempo y tu has dejado que el ángel se quede a tu lado, se va tornando de colores más alegres. Hay quien cree que los ángeles cantan como ruiseñores. Pudiera ser. Yo mantengo otra teoría. Yo creo que la voz de los ángeles es suave como una brisa fresca un anochecer de verano, y su risa alegre, brillante y nada estruendosa. Y si que cantan, a veces, canciones, en inglés y en esloveno, y no se escucha entonces un arpa, sólo su voz, y no sólo cuando cantan, también cuando simplemente hablan o están en silencio, porque su sóla presencia es suficiente para tu tranquilidad. Y otra cosa, los ángeles de los que yo hablo no se quedan siempre contigo, no, caminan a tu lado sólo un ratito, el suficiente para que les reconozcas y sepas disfrutar de su compañía y aprendas, para cuando se vayan, a vivir sin ellos. Porque un día se marchan, según ellos dicen a seguir su vida, pero tú ya sabes que no, que se tienen que ir para que otra persona distinta a tí pueda disfrutar de tener un ángel propio y exclusivo tan cerca.

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