viernes, 2 de marzo de 2012

Me fascina el brillo de las ventanas en medio de la noche. Me pregunto que misterio esconde cada cual, allí en la intimidad. No porque me importe la vida y aventuras de mis colindantes, yo tengo la suerte de que a mí si que me ha tocado una vida propia para vivir, la mía. Los viajes  en coche, cuando el recorrido atravesaba los pueblos y ciudades, y de pronto una luz. La vida de cada uno detrás de la puerta cerraba con llave. Clip doble vuelta y empieza lo que solo nosotros conocemos, esa intimidad tan profunda. Hace meses viajando una tarde otoño por una carretera ordinaria, que recorro muchas veces al mes ocurrió algo. Un atardecer de otoño. el día había sido amarillo, esa luz tan cálida de los días de otoño en el campo. Seguro que esa luz se podría tocar. Anocheció y de prono, en un paraje que desde siempre he conocido deshabitado, una granja en ruinas, brillaba intensamente, irreal, una luz blanca. La carretera discurre recta  paralela a la granja. Los coches circulaban en ambas direcciones. Y yo me transporté detrás de aquella luz  cegadora. Nos quedamos mudos, era tan misterioso encontrar esa luz y era tan tan brillante y por mi cabeza, sin hablar, se colaron mil historias, cientos de cuentos. Lo mas sorprendente fue lo repentino de esta situación. Hoy es difícil ya que algo nos sorprenda, nos sorprenda de verdad, y yo recuerdo esa sensación tan extraña de la sorpresa, la pregunta, el  misterio...los segundos hasta llegar a la altura de la granja se hicieron eternos, y tan nuevos...luego me percate que una familia, consistente en número, de gitanos, se había instalado una temporada en la casona y había colocado un foco con electricidad robada de las instalaciones del ferrocarril. Estuvieron una temporada allí , y en mi recuerdo se mantiene la ilusión de que algo nuevo estaba sucediendo en aquella granja abandonada.

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