Antes cuando eramos mas libres. Cuando
te dabas el lujazo de llegar tarde sin que te apremiase el tolitono
desde el bolso. Cuando existías sin que nadie pudiese situase, mas o
menos, entre dos antenas de telefonía. Cuando hacías el gamba un
mañana de juerga sin que ningún palurdo lo propagase en el
facebook. Cuando podías estar en cualquier parte, a tu aire, de
incógnito. Cuando mantenías una conversación sin interrupciones,
cuando se podía estar en silencio. Cuando podía suceder que no te
enterases de un acontecimiento, incluso que te enterases tarde.
Cuando considerábamos que contar intimidades era de mal gusto,
cuando no era necesario compartirlo absolutamente todo sino solo
aquello que en algún momento te salia del alma. Cuando viajando en
tren podías entablar conversación con el compañero de asiento sin
necesidad de intercambiar tu localización para siempre jamas. Cuando
te alegrabas de los reencuentros y tenias montones de cosas de
contarte. Cuando podías compartir algún momento solo con la persona
que tenias delante. Cuando no había intrusos en las reuniones.
Cuando las nubes eran de algodón y la luna de quesito. Antes de
vender nuestra alma y nuestra vida a la tecnología y quienes la
dirigen, la controlan y la conocen. Antes cuando nadie sabía más
de nosotros que nosotros mismos. Antes, cuando podías cerrar la puerta de tu casa. Cuando podías sentir la soledad. Cuando no necesitábamos bolso para salir de paseo. ¿Nadie lo echa de menos? Qué facil se lo hemos puesto.
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