martes, 6 de marzo de 2012


Antes cuando eramos mas libres. Cuando te dabas el lujazo de llegar tarde sin que te apremiase el tolitono desde el bolso. Cuando existías sin que nadie pudiese situase, mas o menos, entre dos antenas de telefonía. Cuando hacías el gamba un mañana de juerga sin que ningún palurdo lo propagase en el facebook. Cuando podías estar en cualquier parte, a tu aire, de incógnito. Cuando mantenías una conversación sin interrupciones, cuando se podía estar en silencio. Cuando podía suceder que no te enterases de un acontecimiento, incluso que te enterases tarde. Cuando considerábamos que contar intimidades era de mal gusto, cuando no era necesario compartirlo absolutamente todo sino solo aquello que en algún momento te salia del alma. Cuando viajando en tren podías entablar conversación con el compañero de asiento sin necesidad de intercambiar tu localización para siempre jamas. Cuando te alegrabas de los reencuentros y tenias montones de cosas de contarte. Cuando podías compartir algún momento solo con la persona que tenias delante. Cuando no había intrusos en las reuniones. Cuando las nubes eran de algodón y la luna de quesito. Antes de vender nuestra alma y nuestra vida a la tecnología y quienes la dirigen, la controlan y la conocen. Antes cuando nadie sabía más de nosotros que nosotros mismos. Antes, cuando podías cerrar la puerta de tu casa. Cuando podías sentir la soledad. Cuando no necesitábamos bolso para salir de paseo. ¿Nadie lo echa de menos? Qué facil se lo hemos puesto.

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