miércoles, 21 de marzo de 2012

A propósito de la lluvia, nuevos y enternecedores sucesos. Tengo un un primo, que es más que mi primo porque ha sido mi compañero de infancia y mi vigía en las noches ( y no me olvido que se chivó de mi escapada al pobre de mí) , de nombre diminuto, ya de todos conocido. Y ha echado mi primo un andriode que cuida como él cuida todas sus cosas,y lo luce brillante y escueto. Y a propósito de la lluvia y con el fin de proteger a su apreciado andriode, se metió mi primo el susodicho en el bolsillo del gabán, de forma y manera que el sabrá como se metió el celular en el bolsillo, pero cuando recuperó en su mano a su androide, éste se había reconvertido al japonés, y por mucho que le insistiese, el andriode persistía y sólo conocía el teclado japonés, que por cierto es harto dificultoso, si lo que pretendes el comunicarte con tudelanos que no son del japón. Así que andaba mi primo loco con el teclado de su androide, que sólo gestionaba el alfabeto nipón. Y por más que se dirigió a distintos interlocutores, ninguno le supo dar razón del hecho en cuestión. Y ya estaba mi primo cavilando de conocer alguna japonesa que echarse al móvil y con la que chatear convenientemente, cuando se le ocurrió aparecer en mitad de mi cena familiar, consistente en cuatro comensales y un jamón, a contarnos el suceso, so pena de sufrir el destornille general, como así fué. Si bien y después de cierto tiempo contrastando los ajustes, por fin el andriode se avino al teclado normal, o sea al castellano nuestro de toda la vida, con general consuelo, pues las consecuencias pudieron ser funestas. Y este, entre otros, es un hecho causado por la lluvia, tan esperada.

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