lunes, 12 de marzo de 2012

¿Cual es tu sueño? O mejor, tus sueños. No me refiero a ese sueño inconsciente y arbitrario que ni controlas ni en ocasiones conoces, no, ese sueño puede ser objeto de estudio, de tratamiento medico, incluso puede dirigirse. No es ese sueño por el que te pregunto. Es el deseo, lo que quieres, esa imagen que cubre tu vista cuando das vueltas en silencio a la cucharilla del café, esa imagen que se ha  dibujado en el cristal de la ventanilla del coche mientras viajas callado y tu compañero de asiento te pregunta en qué piensas. ¿Qué es lo que ves? Son imagenes de tu vida en otro momento, en otro lugar, con otra gente.  Esa vida que piensas y qué solo tu conoces, esa que , si quieres, solo es tuya. ¿Se trata de algo muy distinto a lo que ya tienes? ¿Recuerdas las personas que ya no están ocupando tus momentos? Puede ser que hagas planes. Que viajes. Que imagines cómo se esfuman los malos humos. Ese instante en que puedes manipular la realidad a tu antojo. Que imagines un principio y un final para tu historia. O que no te dé tiempo. Que te interrumpan y se haga añicos la bola de cristal en la que te estas mirando. Y ese ensimismamiento del brillo del sol en la cara , tan a gustito, se esfume. Eso ahora es muy común que te ocurra, seguro que suena el móvil y ocupa tu intimidad. Pero, antes de caer dormido, ¿para quién es tu último pensamiento, esa idea que te acuna hasta que desapareces? Y no te preguntas para quién o para qué son los deseos de la gente que te rodea, con la que compartes la cotidianeidad, ese ir y venir diario. O qué cruza por la mente de los paseantes, de los padres que se sientan en el banco del parque, de la dependiente que espera detrás del escaparate a que entre un cliente. Del maestro mientras cuida un examen. Que intrigante, esta intimidad tan propia.

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