miércoles, 14 de marzo de 2012

Estaba yo tan tranquila ojeando la revista Hola, aprovechando un combate pokemon que no acababa de engancharme, y en esto que caigo en la cuenta de que la dicha revista parece tener ya un tiempo, vamos, que es de otra temporada. Cierto es que la campiña inglesa que rodea la mansión del famosete de turno que se presta a posar del modo más cursi imaginable, no varía tanto de un año para otro. Tenemos que reconocer el mérito de una tal Elsa Pataky, que va sóla al ginecólogo. Semejante proeza debe ser digna de narrarse. Inés Sastre, por ejemplo, tiene un modo de vida preferentemente vacacional. Que es un  modo de vida preferentemente deseado por todo ser humano. Y así puedo seguir narrando tonterías que hay que leer ( no me incluyo en los lectores de tonterías porque no me da la vida para leerme el Hola semanal, ya he comentado que este que he encontrado en el montón de quemar leña era cuando menos añojo) . Yo me quedé en la Preysler, al grueso de la farándula nacional no le sigo la pista. Pero lo que considero más significativo es la publicidad, los anuncios a todo color, página brillante completa, que siembran la revista y la financian. En general, cualquier revista dirigida ( y digo bien, dirigida) al público femenino. ¿Alguién tiene la suficiente pasta como para comprarse uno de esos bolsos? ¿Y si la tiene, se la gasta en el bolso en cuestión? Venga ya, nadie puede salir a la calle con la ropa que nos indican, ni maquillarse con esa línea de ojo, nos detendrían de inmediato. Continúo ojeando revistas, esta vez en la peluquería, no por interés, sino para librarme de controlar a mis hijos mientras la peluquera obra. Si me ve ensimismada en la lectura,  bregará con ellos sin solicitar mi intermediación. Y conozco de primera mano el recorrido diario, en intervalos de unas cuatro horas, de una supuesta señora normal y corriente. Con una marido estupendo, una niña preciosa, un trabajo que no la despeina, y que le dá para la copa con amigas y el rato nocturno con el pariente. A esta, fíjate, si le llega el sueldo ( suyo o del consorte) para acceder a ese tipo de bolsos. Y además, los pies le caben en sucesivos zapatos de escándalo, desde los de mañana hasta los de cóctel. La revista es mas o menos seria, de tirada nacional, no es el cosmopolitan. Supuestamente me tengo que mirar en estos espejos, incluso visualizar mi reflejo en ellos. Así que llega la noche, y pienso, "tocada, y hundida"

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