Caer en la anorexia fue fácil. Lo difícil ha sido, más de treinta años después, salir de allí. Porque no se únicamente dejar de comer, sino también dejar de quererse, y dejar de vivir. Yo dejé de comer con doce años, es complicado recuperar todos los recuerdos, algunos están mezclados, otros rotos. Si bien el deblacle había comenzado antes, los motivos ya veremos si se cuentan por aquí, dejé de comer con 12 años. Entonces también dejé de tener la regla. Con 15 años pesaba treinta quilos. Por aquel entonces había muerto consecuencia de la anorexia una modelo inglesa, que pesaba 30 kilos. Yo epsaba 33 kilos en día 29 de septiembre de 1985, el día que me ingresaron en la clinica universitaria, cuarta planta, siquiatría. No siquiatría infantil, no. De eso no había. Así que les convencía, a mis padres, para que me dejasen ir a casa una úlitma noche. Me costó lo mío, mi padre no quería ni verme. Pero yo fui, tenia que cumplir algún ritual con la comida, no es que fuese a despedirme de mi hermano, ni mucho menos, y cosas, las cosas no exitían, como no existía nada que no fuese mi propia desesperación, Lo que es cierto que tenía 15 años, y es la edad de mi hijo pequeño, era una niña.
criticosconnosotros
domingo, 16 de mayo de 2021
Hace ya muchos tiemo que dejé este blog, y no tenía pensado retomarlo. Han pasado muchas cosas, y algunas buenas, como mi trabajo y la familia, bien gracias. Algunas han sido sorprendentes, como la pandemia. Hace unos días escuchaba un podcast, ahora escucho muchos, sobre la peste. Me resultó sorprendente el final del reportaje: la peste, como vino, se fue. Hoy buscamos la inmunidad de grupo con la vacuna, y espero que la encontremos pronto, pero me hizo pensar aquella reflexión sobre le final de la peste. No es de la pandemia de lo que vengo a hablaros. Pero si ha sido en la pandemia, en los meses de confinamiento, que he pensado en escribir aquella historia, la historia del pasado, la historia de llegar a pesar 30 kilos, porque esa historia hay que contarla. Las historias están para ser contadas. Los días de encierro intenté que mis tíos em contasen las muchas historias que tienen en su cabeza antes de que sea tarde, las del estraperlo, las de contrabando, y ha sido dificil, he abandonado, se quitan la palabra el uno al otro, y los recurdos son difíciles de gestionar. Pero sí pude leer los recuerdos de mi abuelo, los cuadernos de la guerra, los que se salvaron de tirarlo al Ebro, porque contaban la segunda parte, la parte en que como prisionero de guerra sirvió en el bando nacional. De la primera parte solo queda el recuerdo romántico de mi tía, que los leyó. Cuentan que mi padre los tiró al Ebro, puede ser tal y como era. Muy práctico.
He escrito algunas líneas de cómo llegué a caer en aquel pozo, y he parado. Los recuerdos son muy pocos y no los escribo con soltura. Quizás porque no encuentro a quien contárselos. Así qe empezaré de cero si después de publicar estas líneas alguien las lee.
Aquí lo dejo.
lunes, 25 de abril de 2016
(Y en estas estaba cuando me veo a la Presley en la portada del Semana, reconozco mi infidelidad porque yo soy muy del hola, y digo, madre mía que desmejorada está esta señora, que la genética tiene un límite, y la cirugía también.)
El caso que mi adolescente se ha marchado, cinco largos días, ( a salvo el profesor, que ejerce de tal y de guitarrista de no me tires del dedo que me pedo, y toca de telonero el viernes con el cantante de la polla , se le haga larga la excursión , me lo mande en taxi con alguna extremidad rota, o algún quemado del sol, y eso que le he puesto crema para que se de todo el norte de europa) él tan contento en el autobús y yo al borde de la lágrima, y se me ha acabado hasta la conversación, tanto le echo de menos.
martes, 19 de abril de 2016
domingo, 17 de abril de 2016
sábado, 16 de abril de 2016
No se han acabado aún las luces que anuncian los fastos de mi cumpleaños y que me han tenido absorta en mi propia yo ( y el cambio de curro que de esto ya os hablaré porque a mi ir a un sitio donde te den los buenos días al entrar es que me pone los pelos como escarpias, tan acostumbrada estaba ya a la mugre) y ya tengo que contar algo, que tiene que ver con todo esto que os antedigo.
A mis cuarenta y seis abriles, he conocido muchos tontos ( definición de tonto bastante exacta: aquel que se baja a soria a comprar anfetamina para toda la cuadrilla y lo paran los forales en la rotonda de entrada al pueblo; como lo lleva tatuado en la frente, le detienen, y va y les dice eso de que es para consumo propio, con la esperanza de que le den una palmadita en la espalda y el teléfono de proyecto hombre y lo dejen irse; los hombres de harrison ni se cantean, lo llevan al calabozo y me llaman, a mi o a otro de mis compañeros, el que pringue ese sábado y cuando llego me repite una y otra vez lo del consumo propio, cada vez con menos convencimiento, hasta que le digo eso de venga chaval dame el móvil de tu padre que le llamo y te va a poner a tortas que vas a quedar ser pan; este es tonto) y delincuentes ( de estos muchos, alguno con más gracia que otros, como aquel que se entregó después de que intentó robar en casa de un dentista, se confundió de casa y entró en el chalet de enfrente que es de un nacional jubilado, se tomó dos actimel y un vaso de leche e hizo aguas menores en el water, y claro, como el caco era vecino, al día siguiente se comentó el hecho en la escalera y se tuvo que entregar).
Pero mala gente, lo que es mala persona, no recuerdo que me hubiese tocado hasta ahora, de esta gente que te habla y le tiembla la mano de la gana que tiene de hacerte daño y más si tu ni te inmutas y la miras con desdén( para esto he sido entrenada yo) y se le nota el odio en la mirada y la impotencia de no poder hacerte daño. Y mira, que a la cama no te irás sin saber una cosa más, y ya conozco una.
Ahora que yo me he ido, más féliz que una perdiz, habiendo peleado y aguantado, pero me he ido, a seguir con mis cosas con más o menos acierto y me ha costado recuperarme lo que viene a ser una tarde en el corte inglés, y ahí se ha quedado ella, cociéndose en su propio jugo amargo. Que le den.