Hace ya muchos tiemo que dejé este blog, y no tenía pensado retomarlo. Han pasado muchas cosas, y algunas buenas, como mi trabajo y la familia, bien gracias. Algunas han sido sorprendentes, como la pandemia. Hace unos días escuchaba un podcast, ahora escucho muchos, sobre la peste. Me resultó sorprendente el final del reportaje: la peste, como vino, se fue. Hoy buscamos la inmunidad de grupo con la vacuna, y espero que la encontremos pronto, pero me hizo pensar aquella reflexión sobre le final de la peste. No es de la pandemia de lo que vengo a hablaros. Pero si ha sido en la pandemia, en los meses de confinamiento, que he pensado en escribir aquella historia, la historia del pasado, la historia de llegar a pesar 30 kilos, porque esa historia hay que contarla. Las historias están para ser contadas. Los días de encierro intenté que mis tíos em contasen las muchas historias que tienen en su cabeza antes de que sea tarde, las del estraperlo, las de contrabando, y ha sido dificil, he abandonado, se quitan la palabra el uno al otro, y los recurdos son difíciles de gestionar. Pero sí pude leer los recuerdos de mi abuelo, los cuadernos de la guerra, los que se salvaron de tirarlo al Ebro, porque contaban la segunda parte, la parte en que como prisionero de guerra sirvió en el bando nacional. De la primera parte solo queda el recuerdo romántico de mi tía, que los leyó. Cuentan que mi padre los tiró al Ebro, puede ser tal y como era. Muy práctico.
He escrito algunas líneas de cómo llegué a caer en aquel pozo, y he parado. Los recuerdos son muy pocos y no los escribo con soltura. Quizás porque no encuentro a quien contárselos. Así qe empezaré de cero si después de publicar estas líneas alguien las lee.
Aquí lo dejo.
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