domingo, 17 de abril de 2016
Yo tampoco veo la tele; pero a mí , al contrario que a maribel verdú, no me pagan por contar esta tragedia; podría adoptar el aire de vecina progre que tiene ella y proclamarlo como un orgullo, pero es que no es así. No es que yo pretenda tragarme un sálvame, que no lo he visto en la vida, lo reconozco, pero hecho de menos el telediario. En realidad mi aspiración es volver a ver corazón corazón, pero por estos lares lo consideran el opio del pueblo, y me cambian de cadena; como si once tíos en calzón dando patadas a una pelota para meterla en una rejilla fuese propio de nietzche. Algún día me vendré arriba y hablaré del guasap del equipo de fútbol, que tiene un tono que la guerra de los balcanes se queda en fiesta de colegio. Así que me estoy perdiendo el embarazo de la igartiburu, con lo fan que soy yo de esta muchacha. Pero no sufro, la verdad, porque aunque partidaria del cadalso para su estilista, hemos de reconocer tras las últimas incursiones televisivas habidas por mi parte y consistentes en que intercambio recoger la mesa por ver un poco de tele ( a lo que hemos llegado) considero que la moza se ha venido abajo. Si nos hemos fijado en ella es porque vemos poco el canal 24horas; se llama 24horas porque las 24horas tiene desde hace unos quince años la misma presentadora, con el mismo pelo, y ese pelo lleva los quince años sin ver un peine. La señora dice lo que le viene en gana, consciente de que la audiencia que sigue este canal, allá donde sea, se acaba de levantar, para eso es el canal internacional, y no le falta más que aparecer un día con bata de guatiné, que nos haría más cómodo el desayuno, porque si miras la pantalla te deslumbran los brillos de la camisa, supongo que la visten así para que nos leamos los titulares que van pasando. La mantienen en formol, como a lenin, y no debe de tener ni vacaciones ni asuntos propios ni nada, vamos, que no me explico como hace aguas, yo creo que le ponen una bacinilla debajo. Esta una, que ya le venía haciendo sombra. Pero ay¡ que esta nochevieja le ha salido una competidora de verdad. En mi casa somos de la uno, no faltamos a la cita anual con ramón garcía, y si se nos pasa una noche, el años se nos hace largo. De los encajes rojos de la igartiburu no merece mayor comentario, la vistieron como para irse a una boda de la sierra, pero como lo que nos interesaba era la barriga, tampoco le hicimos caso. Ay pero cambiamos de cadena, y descubrí a una tal pedroche, que no conocía, pero cuya imagen ha quedado tatuada en mi retina, para adornar mis peores pesadillas. Esta es una que se casó en un vestidor, según he leído, y si por vestidor entiende ese sitio donde quedan los calcetines en el suelo, no le podemos negar el aire hogareño, ahora que glamour, como tal, yo no le veo ninguno. Y no quiero imaginar que opina de esto nati abascal. A no ser que el vestidor este lleno de valentinos, entiéndase de vestidos de valentino porque el valentino en sí está en el yate. El caso que cambiaron de cadena, y para que si no había necesidad, y aparece la tipa como la trajo su madre al mundo, y cuatro puntillas para adornar y medio tapar las partes pudendas. Esto, después de la cena de nochevieja no es de recibo, al que no le dio una indigestión es porque le dio un infarto.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario