lunes, 11 de abril de 2016

El noticiero de hoy me ha recordado algo de lo que creo que no he hablado: yo estudié en Deusto ( Leti va por tí), lugar donde uno aprende, lo primero según llega, la diferencia entre ser alguien y no serlo. Vaya, puedo escuchar, pero si a tí te conoce todo el mundo...o sea puedes ser considerada alguien. Ja ja..alguien en donde, porque no tiene nada que ver ser alguien aquí, en esta aldea minúscula del planeta tierra, con ser alguien en Bilbao, donde sólo tienes la oportunidad de ser mona monísima remona de misa de domingo para echarte de novio a uno de ellos ( de los de Bilbao de toda la vida, estirpe atlética) y que te admitan en la tribu, o al menos así fue en el Bilbao de los ochenta, igual ahora la cosa ha cambiado, y puede que lo haya hecho en apariencia, pero lo que es en el cogollo, digamos de neguri a las arenas, lo dudo.
Pues bien, Mario Conde era alguien. Recién digamos que el espejo engominado en que nos mirábamos todos los de la clase, y éramos unos doscientos, sólo del turno de mañana.
Corría la leyenda de que los apuntes de derecho canónico de segundo eran obra suya, bueno suya y de un amigo suyo, que era el que constaba como autor de aquel librillo rojo, de pobre encuadernación, y que a la postre había que aprobar, como todo lo demás. Lo creíamos a pies juntitas. Como si Mario hubiese tenido tiempo de coger apuntes en canónico, con lo entretenido que debía estar con el mercantil. Aquí es donde nos diferenciamos, porque yo el mercantil es que ni me compré el libro, que me lo tuvieron que dejar para copiar en el examen, en los exámenes, todos los que hubo de aquella asignatura. Y a partir de aquí, nuestros caminos obviamente no podían converger.
Mario fue el primero en lucir palmito, en poner de moda el pelo engominado hacia atrás sin pudor, en tener un atractivo insultante y pasearlo como honre de triunfo...y así le fue, o pareció irle, puesto que todos creímos que por haber pasado por prisión, este señor era un ídolo caído.
Craso error, en la universidad a la que ambos fuimos nos te enseñan a caerte, sino a aguantar, y el tiempo nos ha dado la razón.
Creímos ingenuos televidentes que su paso por prisión era purgatorio suficiente, así como su enlutada viudez, o su saber estar después, libro de contrición incluido. El árbol caído, o el ídolo caído o lo que queramos caído. Tapadera. Para cuando Mario entró en prisión ya había puesto a buen recaudo, no en Panamá, que es muy indiscreto, sino en Suiza y alrededores, su patrimonio procedente, por cierto, del patrimonio de miles de clientes del malhadado Banesto. Y ha sabido esperar, paciente, vestido de penitente, como en una semana santa continua, con la apariencia de hombre vencido que se doblega y se retira...y lo suyo era puro teatro. Lo suyo y lo de esos hijos que parecían sacados de las entrañas de la honestidad, que nunca presumieron de novio tenista, ni se hicieron fotos para el Hola.
La noticia del fraude fiscal, robo de guante blanco al fin y al cabo, ha llegado a la prensa, esta vez por cierto desde las entrañas de hacienda, que en esto estaba, al Conde le tiene fijación, y Panamá esta muy lejos. No esperábamos menos de un alumno destacado de deusto, otra cosa, su vida en el paso, no le era propia.
Paciencia de treinta años para repatriar el dinero que le costó sus años de cárcel.
Repatriar? Y para que lo trae a España? No era más fácil irse a Suiza, toda la familia, con lo bueno que es queso allí¿ ah, vanidad de vanidades...ser conde en suiza es no ser nadie.

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