Esta boda de la que os voy a hablar hoy, que es un día especial y no me he parado a destripar que la niña Ana se ha hecho dos licenciaturas para acabar anunciando chancletas, no fue secreta, ni falta que nos hubiera hecho.
Y es que desde le 16 de octubre de 2013, en el mundo han pasado muchas cosas, y el mundo, a efectos del telediario, ha cambiado, más o menos ha movido de sitio la ubicación de los malos malísimos, pero también ha cambiado el mundo de verdad, el que me rodea. El pequeño universo que me rodea y que lo forma mi querida y adorada y amplia y singular familia, que cambió una mañana de noviembre de 2014, después de idas y venidas y recados, y viajes y zaragoza y al corte inglés, los alrededores, los comentarios...y todo eso se silenció en el momento en que ví la sonrisa de mi primo Teo, el Teo, girando la cabeza hacia atrás antes de cruzar la puerta de la Colegiata de San Miguel, mi primo, nervioso, esperando en la puerta de la iglesia, y entró, y esperamos con él hasta que apareció caminando en el camino de flores a la novia más hermosa que haya existido, bonita como ninguna antes.
Esta boda no fue secreta, porque la alegría no nos cabía en la garganta, y fue una boda gitana, que duró tres días y más que la hubiéramos alargado.
No es que mi primo fuese un triste, que va, no había chaval más popular desde el nacimiento del Ebro hasta su desembocadura, y nada se le echaba de menos, que los primos luceros nos bastamos solitos.
Pero la boda de Teo fue un rayo de luz que asoma entre las nubes negras, la ilusión de la llama que se enciende sobre las cenizas, una ola que te pilla desprevenido y te empuja y te atrapa, una carcajada fuerte y sonora. Una fiesta, la sonrisa permanente de mi tía, que no podía desdibujarse, el brillo en los ojitos de mi tío, los nervios de la prima, su orgullo de hermana que nos une a todos, la felicidad que se salía del vaso.
Todavia me duelen los brazos de bailar cuando la pareja llegó al restaurante ( al Maher, claro) al son de "juntos".
Y tengo tatuada en el corazón la foto de mis hermanos abrazados, una canción desconocida "nosotros somos hermano", y los seis, cada uno con una rosa blanca, y ese regalo, primo, nunca mientras haya mundo dejará de ser el mejor regalo que ha hecho un hermano.
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