domingo, 11 de marzo de 2012

Tengo que contárselo. Creo que  he encontrado un foco sexista. ¿Alguién conoce su direccion en Nueva York? A ver, Bibiana, Nueva York, USA. Seguro que le llega. La financiación de la estupidez, aunque sea por parte de la ONU, tiene que tener un recorrido corto, no puede haber más de una Bibiana. La cuestión tiene su inicio en el comentario de una querida amiga( me permito el lujazo de saludarla, por si me lee), sobre la categorización deportiva. En concreto, el hecho de que las pruebas deportivas diferencien por sexos. Se trataba en concreto de una carrera, en la que las ellas recorrían la mitad del kilometraje de los ellos, cuando, con toda seguridad, muchas de las ellas están en condiciones de ejecutar la totalidad del recorrido. El comentario no ha ido a mayores. Es algo que está establecido así por los muchísimos motivos, razonables o no, que los detractores o amigos de la situación aleguen, y lejos de mí el feminismo, que yo pertenezco a una generación en que nacer varón aún fue y es una suerte y de esta guisa te puedes permitir el lujo de echarte la siesta. Pero vaya por  donde que me paso el domingo que una competición deportiva  en que no sólo no existe causa, sino que no hay diferenciación entre muchachos y muchachas. Se trata de la modalidad deportiva que ejecuta por excelencia el cerebro. Una competición de ajedrez. Una competición abierta de ajedrez. Las competiciones escolares de ajedrez son mixtas, en principio, al menos en sus primeras categorías, aunque luego al parecer se diferencia por sexos, al menos a efectos de clasificación. Más o menos, habré de profundizar en ellos para contarlo con mayor propiedad. O quizás , después de lo vivido hoy, no haga falta.   Y ello es debido, a que en cualquier competición de ajedrez, la categoría subocho, es decir, por debajo de los ocho años, y en la que no se diferencia entre niños y niñas, ambos compiten conjuntamente. Pero por encima de los ocho años, algún proceso metabólico sucede en el cuerpo femenino, que deja de pensar. Al menos eso es lo que resulta del hecho de que por encima de los ocho años, son rarísimas las niñas que juegan al ajedrez. Y superada la edad de doce años, nula presencia. En esta competición, había niñas. Pequeñas. Muchachas o chicas, adolescentes, una. Y su mayor significación ha sido que era muy mona. Mujeres, cero . ¿Será cierto que nos desprendemos de la masa cerebral con la pubertad? No lo creo. Supongo que todas las que faltaban estaban haciéndose la manicura. Pero no es un problema de sexo. Es un problema de a cual de las dos ( obviemos mayores cuestiones ) manifestaciones de la especie humana empezamos antes a llenarles el hueco de pensar de florituras.

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