domingo, 18 de marzo de 2012

Señora que riñe sin cesar a sus niños, los cuales para incrementar este deporte maternal no  paran de hacer mal. En eso me voy a acabar convirtiendo, si la frivolidad no lo remedia. Así que ayer tarde, cuando a mis pequeños monstruitos se unieron otros tantos, al lado de los cuales los míos, de normal belcebú y barrabás, pasaron a ser dos arcángeles, me abandoné a la sinsuntancia actividad de observar a los paseantes y descuartizarlos. Y vaya cómo lo pasé. Ese ejercicio mental tenía que ser actividad obligatoria en clase, lo mismo que se pretende con el ajedrez. La observación y posterior invención de la vida y milagros, coexistencia de acompañantes, etc. de las personas. El sol brillaba en el cielo suavemente, la brisa era suave, y los niños se rebozaban de arena en la playa. Los padres habían huido convenientemente con la excusa de catar ciertos licores de la zona. El resto de madres que me acompañaba conversaba. Y yo me abandoné a la observación. De esa familia toda unida alrededor de su impecable bogaboo. Del grupo de jubilados que se dirijen a bailar al club taurino. De las adolescentes ligeras de camiseta sobre sicodélicos patines. Es sumamente variopinta la fauna que puebla los locales vacacionales. En un momento y considerando que mi silencio podía ser interpretado como síntoma de mala educación o bordería y dando por supuesto que mis dos acompañantes hacían la mismo, he comentado en voz alta sobre la indumentaria de unas estupendas que llevaba rato viendo, de esas de somos de aquí de toda la vida, y del carolina herrera de siempre, que les brillan las gafas a la par del cinturón, y me he sorprendido, porque mis acompañantes no estaban embelesadas, como yo creía, en observar al personal. Yo, que de profesión bruja piruja, puedo pasar horas contemplando la gente que va y viene. Admirando la gracia con que lucen, o asombrándome de la valentia de su falta de rubor.Y, de verdad, creí que todo el mundo practicaba el mismo deporte. El deporte de la radiografía, intentar descubrir de que marca es la cazadora que luce esa señora, como le queda el vaquero a ese mozo, el look que luce el conjunto familiar impoluto...esas cosillas. Sin maldad, a veces con sana envidia de los felices que lucen los demás.

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