jueves, 8 de marzo de 2012

Haya mujeres extraordinarias. No son aquellas que se visten durante años de silencio y amargura y creen que amar es vivir la vida de otro, o simplemente no vivir una vida propia. Esas no, esas mujeres son un mal ejemplo, como compañeras y como madres. Están llenas de reproches, por despojarse de los más preciado, su propia vida. No tienen nada que contar, nada que compartir, nada es suyo. Pienso más bien en las mujeres valientes, que hacen con sus problemas y los de alrededor una mochila y la cuelgan a la espalda para que nadie, de frente, conozca su peso. Y aun con todo ese peso, tienen una sonrisa y un cigarro para compartir con una amiga o una cuñada. No tiene mucho que ver que a su lado haya o no un hombre bueno, o malo. Tiene más mérito si la carga es más pesada y se suma una bola de preso atada al tobillo. Algunas de ellas pueden despojarse de la bola de preso, y siguen cargando una mochila que recubren de modestia. Ahora que Gallardón se ha puesto galante, diré que hay muchas mujeres extraordinarias, y que no tiene nada que ver con que el ocho de marzo se celebre que las señoras ya no requieren de la autorización , firmada, de un varón, para trabajar fuera de casa. La valía profesional no tiene nada que ver con el sexo. La importancia , la trascendencia , lo maravilloso , en una mujer, es su capacidad de convertirse en un ángel.

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