sábado, 3 de marzo de 2012
La mala educación, además de título de una pésima película, se ha convertido en una forma de actuar bastante concurrida. Ya no me refiero únicamente a que ningún hijo de sus padres utilice el por favor, o el gracias, y pida agua igual que lo haría un asno, si el asno pudiese hablar el mismo lenguaje que los humanos. La cortesía de abrir una puerta para que pase una señora, o una persona de mayor edad, o ceder el sitio en el bus...de esos vestigios de una sociedad respetuosa y galante, ni hablo, no vayamos a remontarnos al tiempo de la olpla, que no hace falta. Lo que empiezo con tristeza a echar de menos, es el saludo. La prisa que nos inculca la rápidez de la información y la comunicación nos ha borrado de la mente el buenos días, hola, cómo estas, buenas tardes, adios, hasta luego...¿Son estas frases complicadas de pronunciar? Deben de requerir un esfuerzo de síntesis, o de semántica, porque nadie las usa. Que triste, no tener un milisegundo para desear una buena tarde cuando desculegas el teléfono. Por supuesto, mensajes y demás lindezas, ni contienen un saludo ni les cabe. Antes, el saludo se pagaba aunque fuese en un telegrama. ¿Para qeé queremos o usamos el tiempo que nos ahorramos siendo tan desconsiderados? La persona que recibe nuestra misiva, nuestra llamada, seguramente se sentirá mucho más respetada si tenemos el buen gusto de saludarla, y de despedirnos. Oiros a vosotros mismos, respondiendo un rápido quequieres, al teléfono. Pero que patanes podemos llegar a ser. A ver cuando nos entra en la cabeza que no dejamos de ser menos importantes por tener más tiempo para los demás.
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