martes, 1 de mayo de 2012
Yo tengo un hijo pelirrojo. Alguien, alegremente, y que recuerdo perfectamente quien fue y no lo voy a desvelar, me dijo una vez, que suerte, yo siempre he querido tener un hijo pelirrojo. Pues un hijo pelirrojo como su propio nombre indica es eso, un hijo pelirrojo, y solo te queda esperar que te llegue a casa la orden de expulsión del Carrefour. Mantengo firmemente que el gen que tiñe de naranja el cabello imprime una suerte de seguridad atravesando el cuero cabelludo hasta el cerebro para llenarlo de talabartadas e ideas peregrinas, ademas de una creencia aplastante en uno mismo que para mi la quisiera. Un amigo bastante ocurrente daba en llamarle, a los cuatro añitos y aun vigente la burbuja inmobiliaria, tu hijo el promotor. A un hijo pelirrojo no se le pone nada por delante, y mucho menos los convencionalismos del mundo adulto. Su estado mental y moral sobrevuela lo que tradicionalmente conocemos como el bien y el mal, construyendo una constelación propia. ?Alguién recuerda a Pipi Calzalargas y sus trenzas rojizas? Esa niña insolente , libre y divertida. Esa sí que era una serie de televisión didáctica, y si no, mira que ha hecho de nosotros Verano Azul.
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