viernes, 4 de mayo de 2012

A escasos treinta metros del colegio al que acuden mis hijos, y por lo tanto a menos de cien metros de otro colegio al que acuden los hijos de mis amigas, en el entorno de un paseo concurrido y parque visitado por madres, ancianos y niños. Allí es donde he tenido esta sensación. Las ganas de esfumarme junto con los niños y desaparecer. Y que desapareciese la chica de pelo castaño que leía tranquilamente en un banco. Parq que dejen de mirarnos. En grupos de no más de cuatro, o solitarios. Hombres jóvenes que pasean, o se paran, te miran con descaro, con el descaro de quien dice este territorio me lo voy a apropiar. Hombres sin nada que hacer en todo el día. Que tienen que buscarse la vida, como sea. Muchos, lo sé , al margen del sistema. Y sé que la policía en sus diversas versiones los tiene más o menos ubicados, y eso no me tranquiliza. Gente sin razón ni nada que perder que se mueve por este país de consentidores. Recuerdo que en mi viaje a áfrica me llamó la atención la gente caminando, dirigiéndose a ningún parte en medio de la nada, sentado en una silla en medio de una carretera que no conduce en muchos kilómetros a ninguna parte. Gente sin nada que hacer, sin nada que perder. Sin más objetivo que la supervivencia. Qué hace aquí todos estos hombres. Sin trabajo, sin domicilio...seguramente sin familia. Esperando qué. Miran con descaro a la cría que lee en el banco y ésta se levanta y se marcha. Acechados a plena luz del día. Haciendo suyo el territorio mientras nosotros nos regodeamos en nuestras miserias. Hacemos algún comentario, y punto. Y esperamos que alguien con carácter llegue a poner fin u orden en este caos que hemos permitido. Y ahora va a ser difícil. Se van a echar a la calle todos los pijoflautas de España como el gobierno de turno pretenda adoptar alguna medida contundente. Y mientras tanto esta gente, ya no coy a criticar que vive a nuestra costa, sólo que me siento amenazada en mio propio patio. El sábado salimos las amigas, y yo, en vez de pensar que zapatos  me pongo para no desentonar, me dedico a comerme la cabeza preocupada por la vuelta a casa. Y visto lo visto, no parece que haga de más. Es que no vamos nosotros, los normales, los que no cobramos subvenciones ni nos ponemos mallas de rayas, a posicionarnos a favor de la ideología que busque devolvernos nuestro país para poder hacer de él un país nuestro, y trabajar por él , que entre los que sisan y los que le están echando jeta, no damos a basto, no llega para levantar la economía. Me cuesta creer que nadie haya pensado ésto, ni más ni menos que porque expresiones más radicales aún escucho hasta en el super. No tengo ningún problema en montar una quedada, incluso en cogerle el micro al pescaito nuestro y soltarle a quien quiera escuchar un BASTA YA que retumbe en la torre de la catedral. He dicho.

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