lunes, 7 de mayo de 2012
Me quedé ojiplatica delante del televisor escuchando la noticia y observando al entrevistado. La noticia no era otra que la decisión del consistorio de gandía de no permitir el empadronamiento de inmigrantes que no acreditasen la regularidad de su situación en el país. Algo tan elemental que debiera haberse practicado como norma desde hace muchísimos años, en concreto desde que la denostada hoy burbuja inmobiliaria vino a requerir mano de obra ( no por no cualificada ni legal , más barata, que de todos es conocido lo que venía a cobrar un encofrador, más que un notario) desde cualquier parte del planeta. Y en estas que para muestra un botón y el reportero viene a entrevistar a un gachó que daba miedo. El chaval, musculitos, camisa apretada, color morado, botón desabrochado hasta la cintura, cadenón de oro, pelo rapado, gafas enormes de sol, maqueado como un pincel, o sea, lo que se viene a conocer como portero de discoteca, pero en versión burdel, se queja, rodeado de otros tantos tipos de parecida semblanza, de que no puede empadronarse, porque es un ilegal, y se pregunta, que va a hacer el ahora. Pues esta claro, marcharte a tu pais, donde eres legal, y de donde has venido, en mala hora, sin otro quehacer que reventar nuestra maltrecha sociedad. Porque si hubieran mostrado la típica familia de payos ponis, tan suavecitos, tan latinos, alegando que Colón les despojó de su oro, pues mira, igual hasta daban lástima. Pero es que la realidad se parece más al pepito piscinas con pistas de chulo de barrio. Y digo yo, ¿a que habrá venido el chaval, y su grupo de amigos? Porque a ensuciarse de barrendero, para mi que no. A qué llamada han respondido. Porque conozco mucha gente, de fuera y dentro de Europa, que ha venido y ha trabajado y luego ha tenido mala suerte, como muchos autóctonos, y ya tenía hecha su vida en el suelo peninsular, y ahora sí que se encuentra perdido, sin tierra de origen ni tierra de destino. Este país nuestro, que ya podía en orgullo parecerse a alguno vecino, está lleno de acomplejados y callados, así que o nos ponemos las pilas, o el futuro de nuestros hijos se lo va a merendar el gachó de la camisa morada.
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