miércoles, 9 de mayo de 2012

Hoy iba a contar un acontecimiento superinteresante que he vivido, pero no puedo PORQUE QUEDA BAJO LA CONFIDENCIALIDAD DIPLOMATICA ( me encanta, me siento la protagonista de "El tiempo entre costuras", si tuviese un vestido de seda roja que se pegase al cuerpo y unos zapatos de tacón alto, esto noche dormía con ellos puestos) Así que lo dejamos ( ayayaya) y nos centramos en un asunto de sumo interés nacional, más aún que el tema Bankia, que la final se resolverá como todos los temas monetarios, apoquinando a escote los españolitos de a pie. Y no viene a ser otro que la faena que nos han hecho. Ahora que , por fin, henchidos de orgullo patrio, nos hemos atrevido a sacar a la calle la bandera nacional, que me pregunto yo de donde salió tanto metro de tela roja y amarilla cuando ganamos el mundial, ahora que nuestros retoños, y nosotros mismos en nuestro chándal de domingo, lucimos el escudo de España,  y suena más que nunca la palabra vascongadas, ahora que con cualquier motivo saca mi chiquillo la trompeta a la terraza y retumba sin temor el himno nacional, nos hacen la faena de los trajes oficiales de la delegación española en las olimpiadas de Londres 2012. Que si nos llegan a decir que son los trajes oficiales de la delegación real británica, o léase la Reina Madre, la Reina Elisabeth, Camila y Carlitos, lo hubiéramos considerado más apropiado. Que los deportitas que nos representan vayan, de inicio, haciendo el ridículo con semejantes vestimentas, puede ser subsanado a base de esfuerzo y medallas. Pero que lo tengan que lucir los próximos cuatro años el personal, y encima con orgullo, lo considero un esfuerzo excesivo. Ese chándal rojo pasión con bordados goyescos a la solapa es más propio de una tarde en la Maestranza que de un estadio olímpico. Y no digamos la falda de vuelo, de largura considerada decente e incluso más que decente. Si Arancha tiene que echarse un tenis con esta falda puesta sobre sí misma, perderá la pelota entre los pliegues, dará vueltas buscándola y con el tesón que tiene la muchacha, echará a volar como si fuese un helicóptero, y entonces sí que tendría para escribir otras memorias. "Mi recorrido por el cielo británico a bordo de una falda con vuelo" Bonito titulo para un libro. Puede ser que la intención sea jugar la despiste. O al deslumbre, porque si nuestras chicas pasean finalmente portando el amarillo de la americana, van a cegar a la totalidad de espectadores, incluidos los televidentes. No me creo que nos hayan salido baratos. Semejantes chapuzas suelen ser el resultado de un acuerdo que nunca le resulta ajeno a nuestro bolsillo. Así que toca otra vez apoquinar, y a escote, buscar una indumentaria algo más decente, que ya que pagamos, al menos pasearnos con estilo.

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