lunes, 14 de mayo de 2012

Por delante he de manifestar que no me mueve la crítica sino la cochina endivia para escribir estas líneas. Y es que si algo singulariza a esta ciudad de pequeño tamaño, y así se lo comentaba a una gente encantadora que me ha acogido en su casa este fin de semana pasado, es precisamente la indumentaria matutina  porque lejos de acogerse al común de ir en chándal, indumentaria inútil y cómoda de quitar y poner, que no requiere aderezos ni de cabello ni de cara,  donde las haya, aquí, el sector melenas de las madres de cole, y con mayor y casi única ubicación en la margen izquierda de la calle gayarre, tiene por costumbre aliñarse desde el punto de la mañana, para acompañar de la manita al chico al cole, cual si fuese a presentar la gala de los goya. Y a cuento viene porque el viernes me tope con una moza, poligonera donde las haya, a la que alguien había clocado al ladito de un toyota desvencijado, justo ocupando el paso de cebra, espérate aquí nene que ahora vengo y que no se me lleve el carro la grúa, con chupa blanca de brillos, short, y cinta rosa en el papel de cinturón. y merecía la chavala  que se el prestase atención, en una mañana de viernes, y mas porque la chica parecía recien duchada y no se la veía venir toda sucia proveniente de una noche un poco larga . Pero aqui, si no fuese porque se situaba justo contrario a la dirección de la calle de colegios , no llama la atención. Porque aquí la mañana la dibujan de pantalones cortos, cuñas altas y tirantes, que parece Herrerías la Milla de Oro de Marbella a las nueve menos diez, desafiando cualquier norma de la sana lógica y el sentido común.  Me he intentado fijar en las madres leonas, apelativo que les viene de la melena que suelen lucir, suelta al viento, de rizado agraciado natural, y que  ya de madrugada. lucen de escándalo, falda cinturón, tacón de vértigo, botas de flecos, escote matutino, incluso brillos incluidos ne la indumentaria. Es cuando menos una forma de darle estilo y originalidad a la mañana ribera, porque no hay muchos sitios, aparte del barrio de Mujeres Desesperadas, donde el pase de modelos delante del municipal que regula el tráfico de entrada a los colegios tenga tanta chicha. Como me llamaron, días atrás, la atención dos especialmente estupendas madres que caminaban con garbo al unísono, de unos cuarenta, mucho mejor llevados que los míos, de guisa falda de bolantes, botas de flecos , brillos , es cotes y chupa vaquera, os ea, kit completo , me preguné yo, ingenua de mi, que hace una señora vestida asi toda la mañana. Aguantar tan escueta y compuesta unas horas requiere una actividad bastante limitada;  si tiene una algo que hacer, se tendra que mover, y si se mueve, algo se descoloca. Así que al mediodia espere en una esquina verlas pasar, y mira, las dos, juntas, de nuevo,el mismo garbo y  la misma indumentaria, que si se hubieran cambiado apra hacer algo, luego no te colocas todo igual en el mismo sitio; pues no, lo mismo, y pensé, estas no se han cambiado de ropa desde las nueve, ni para gimnsacio ni para currar. Solo me queda que hayan tomado café. Cuantos, no se. Pero todavía se me hace más misterio, el asunto a tratar cuatro horas de cafetería. Qué no daría yo por haber estado escuchando escondidita, debajo de la mesa, con la visión de las botas de flecos. Que mala es la envidia.

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