viernes, 18 de mayo de 2012
Cumpliendo con lo anunciado, vuelvo. Y ya he tenido mi cita con la Justicia. Es probable que yo estuviese mal ( no tanto), muy mal( no creo), e incluso peor que el abogado contrario( puede ser), pero en mi defensa he de manifestar que el otro, el abogado contrario, acusador, dijo COÑO en su exposición. Yo , después de quedar ojiplática, tuve a bien callar, y cuando tras quedar el pleito visto para sentencia el contrario se dirigió a su señoría y a mí para disculparse por la expresión, le solté eso de le pongo a usted nervioso, señor letrado. Supongo que no había un descuido en su expresión, sino una estudiada postura de acercar a lo coloquial y la normalidad los hechos. Y se pasó. Porque nosotros, en Sala, nos vestimos con la toga, y nos damos importancia, no por ser nosotros, sino porque hacemos justicia. Nos tratamos de usted, y de su señoría y nos movemos según formalismos, que ciertamente ( y para mi bien) se han ido relajando, pero se mantienen, y entiendo que este olor a rancio es necesario, porque reviste de seriedad y de seguridad los actos de la justicia. Y después de muchos años de militar en el lado contrario, ahora considero la importancia de las formas, del lenguaje cuidado, del tratamiento deferente con el otro. Y me regala el oído escuchar a cierto locutor de ustedes, nosotros, que cultiva esta manera de relación. Y me enorgullece que mis hijos utilicen adverbios desde bebés. Y por ello, sin caer en la estupidez de los pedantes, y ahora que me hago pública mediante el uso de la letra y por tanto de la palabra, prometo cultivarme.( y no escribir frases tan largas que al finalizar hayas olvidado el principio).
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