En ocasiones, cuando observo a los niños, me pregunto cuales serán sus recuerdos cuando crezcan y se conviertan en personas con problemas de dinero. Me gustaría saber que van a recordar las tardes de patio, los clubes de amigos, a la señorita hellokiti ( este es el mote que una madre desalmada, osea yo, el ha plantado a una señorita del colegio) Intento conocer desde que edad uno tiene la capacidad de recordar. Mis recuerdos son dispares, pero comienzan a los dos años, y quiero contarlo, porque pocos después fueron de tanta intensidad. El día que yo
cumplí dos años, sobre una mesa de cocina marrón, mi padre, un hombre joven con
camisa beige y pantalón marrón, me regalaba un puzle de piezas cuadradas, que
componía varios paisajes protagonizados por Heidi, la protagonista de los
dibujos animados que entonces emitía el único canal de televisión existente,
estatal, y recién coloreado , al menos en el televisor de mi casa, al que
acudían mis primas mayores, carente de dicho aparato en las suyas propias, para
saborear la programación matinal de los sábados. Ese recuerdo tengo, y mi madre
algo alejada, trajinando entre cacharros. Habrá quien opine que este recuerdo no puede ser real, que es una ensoñación que yo he creado. pero no, yo se que mi padre me aupó a la mesa y me regalo el puzle de Heidi, y eso no se me olvidará en la vida. Y luego los años hicieron estragos en los dos, pero ese momento tan tierno hace que me olvide del resto porque esa mañana él quiso que yo fuese una niña especial.Y mi primer san Anton, con cuatro añitos, y mi madre sirviéndonos chocolate en la galería anexa a la cocina de mi vieja casa, la casa de las hormigas, a mi y a mi amiguita Isabel, la que años después me escribió aquella carta adolescente en papel rosa y escritura de caracol, y llevándonos a ver la hoguera del santo en un coche amarillo, creo que un renault 5. Y luego, los años igualmente hicieron estragos en las dos, o en las tres, pero me consta que su intención era hacer de esa tarde una tarde especial, y a él recurro cuando todo se oscurece. Desconozco si existe una edad concreta en la que uno comienza a almacenar recuerdos para el futuro, recuerdos a los que acudir cuando la tierra se tambalea a sus pies. Por si acaso, voy sembrando. Que no falten.
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