lunes, 30 de abril de 2012
Quise hacer un comentario, pero me contube. Era necesario, puesto que lo publica vanitis en digital, ayer, día 28 de abril, para manfiestar opinión propia sobre cualesquwera de las imágnes, registrarse, es decir, identificarse, y ante esta premisa, desistí. Pero que sepas, Ana Aznar y consorte, que la imagen ha quedado grabada en mi retina y pienso que costar´ña librarme de ella una buena temporada de terapia. Porque era y es una cosa horrorosa. Anita, toda recalchutada, embutida en un vestido azul princesa, plana como la tabla de planchar, sobresaliendo dos protuberancias a la altura del homoplato, pero por la parte delantera, ( o sea, que ya no son los dientes lo que destaca de la silueta de la moza), con un huevo frito color berenjena cual platillo volante que hubiese aterrizado , gracilmente ladeado, sobre su lisa cabeza, de la que, por detrás asoma, para rematar, un moño enclenque. Si no recordásemos su frugal noviazgo( y yo si me acuerdo que dejó al novio de Oropesa por su actual marido) , podríamos situar a la señora en un rango de edad entre los 35 y 75 bien llevados. A su lado el flamante marido, que no puede ser más feo el hombre, pero que al lado de lo que han hecho de su señora, va a parecer un adonis. Es que no se puede ser más rancio. No cuento los niños que llevan en su haber. Sólo les agradezco que nos libren de erigirse en ejemplo de nada. Y de paso me pregunto, ¿ de qué hablará la tal Ana con la señora de Berlusconi, matrimonio con el que pasaron la luna de miel? Comentarían la programación semanal de Punset. Seguro.
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