viernes, 27 de abril de 2012

Hoy, esperando en la consulta de un facultativo, he estado ojeando el Vogue, y he llegado a la conclusión que lo único a lo que puedo aspirar es a comprarme la revista. De la totalidad de páginas, jamás en la vida he visto una publicación con tan poco contenido literario. En realidad la frase más larga es el eslogan de LV. O sea que de leer, no cuesta, eso se asimila pronto. Pero de lo demás, es que nada de nada. Por descontado que ninguna de las prendas que se publicitan están al alcance de mi bolsillo, a lo más, alguna que proponen del Mango en plan relleno casual, como alternativa a cualesquiera otra prenda que cuesta lo que mi hipoteca. Y aunque pudiera pagar ya no un abrigo sino la cartera de mano de piel de culo de indio que me dejan visualizar, en foto, ni de lejos me iba a lucir como a las mozas que utilizan de reclamo. Y hablando de lucir, a ver donde me plantaba yo con unos zapatos de precio superior al salario mínimo interprofesional. Si consigo calzármelos para recoger a los críos del patio de la escuela pública a la que acuden,  las comadres iban a pensar que paseo subida en un andamio. No puedo ni imaginar que tipo de castigo se impone a la mano pringada de nocilla que aterriza sobre una falda plisada de gasa verde rancio ( pastel, quiero decir). Me temo que llegar a la conclusión de que no tiene ningún fundamento razonable , ya no comprar, sino ojear, las revistas de moda, es trivial en exceso. Pero es que, ciertamente, la fotografía es mejor en el National G. , incluso siendo la lectura insufrible y la traducción pésima. Así que lo mejor, que la siga comprando el dentista.

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