lunes, 9 de abril de 2012
Que envidia ( y esto seria motivo de confesión) los que confiesan sus pecados y se arrepienten y ala, a casa, nuevecitos, ya se puede hacer la prueba del algodón, que este alma está impoluta. Que suerte, porque los demás, que nos arrepentimos igual, pues nos aguantamos con ellos, con lo feo que hace una manchita en el corazón. Lo de la confesión tendría que generalizarse. Lo mismo que nos morimos todos, que nos de la opción, no de arrepentirnos, sino de que se nos perdone el motivo del arrepentimiento. Y ahora, con la falta de parroquias abiertas, pues no es fácil. Uno , dada la hiperactividad del clero, tiene que presentar instancia en la parroquia, en el buzón, que a esa hora estará cerrada, y esperar que la contesten. Que lo más normal es que le llame a uno una monjita, la hermana María, que en otro tiempo hubiera sido la hermana Socorro o Angustías, y le de cita con el padre. Y para entonces, que además te vendrá mal la hora fijo, pues el enorme arrepentimiento que te dió ,y que te dió porque acudiste a un funeral y cantaron más emotivo de lo debido, pues ya se te ha pasado. Y encima, morirte, te vas a morir igual, que eso es inevitable. Y si por lo menos fuese que te mueres estrellando tu coche contra uno cualquiera, que si es de gama alta será de cristiano y mandatario, o sea culpable, y resulta que te has hecho musulmán, al menos ya sabes que te esperan 50 vírgenes, que igual prefieres una sólo y estrenada, pero allá cada cual con sus gustos , pero si se te ha pasado el hacerte musulmán porque te gusta más el jamón que a un tonto una piruleta, mal asunto, porque al Cielo no vás si no te has confesado, y el Infierno, según lo pinta la Puerta del Juicio de la Catedral de Tudela, es un garito de lo menos aconsejable..... Perdiendo el miedo a lo inevitable.
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