lunes, 23 de abril de 2012

Que tontería, más de cuarenta años repitiendo la retahíla de es que yo me llevo mejor con los chicos, mis mejores amigos son hombres, y ahora, cuando la vida es de verdad, que las lágrimas no son de cocodrilo, cuando de verdad necesitas a un amigo, ahora descubro la amistad de mis congéneres. Y me maravillo. Y que cerca estaban. Mis amigas, y mis primas, decir que son maravillosas es poco, mejor digo eso de que majas son mis amigas. Ningún hombre puede llevar a alcanzar ni el detalle, ni la sensibilidad, ni el humor, ni la conversación, de una mujer que es tu amiga. Al menos, de las mías. No voy a renegar del género masculino, pero...somos diferentes. Qué pena no haber encontrado antes...seguramente ni propia miopía. Porque allí estaban, seguro. Esa superprima con su vestido amarillo , espectacular, y que no le merma ni un ápice al brillo del corazón, que buenos los besos. Esas amigas discretas, ocurrentes, graciosas, cercanas, que me permiten disfrutar de su compañía. Este blog iba a versar sobre la Misa del sábado en su versión almodovariana, visto el zapato blanco sobre media negra de la señora que leyó no se sabe qué muy bien entre las lecturas evangélicas, y el trajín que se llevaron las cinco mujeres del coro, además de la "gala"repartiendo la comunión, pero no puedo dejar de agradecer, después de estos días que han seguido a mi cumple, a mis amigas y primas su inestimable colaboración al camino de mi felicidad. Cada una de vosotras, que os habéis preocupado por mí, y que además os entretenéis en leer lo que escribo, me habéis hecho inmensamente feliz, y ojala yo sepa en esta vida de cuerpo presente corresponderos. Me daría por satisfecha. Gracias.

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