miércoles, 4 de abril de 2012

Si hoy contase mis andanzas un martes cualquiera, ayer, por ejemplo, , el volumen ocuparía tanto como las memorias de Isabel Presley. E intuyo, que todas mis compañeras de patio, escuela de música, judo y demás  actividades a que apuntamos a nuestros vástagos, podrían afirmar lo mismo. Recorrer kilómetros de acera cargada con mochila, merienda, carpeta y resto de accesorios debería ser considerado deporte olímpico. Y las esperas diversas, a que salgan de, el cole, la piscina, et.etc, considerarse tiempo a descontar del purgatorio. Y no digamos el tiempo que ya ni me atrevo a rememorar en que uno es abducido por un bebé, porque el fenómeno de la abducción por seres diminutos no verdes pero si llenos de mocos, además de cacas,  es otro a estudiar. Hay tardes en que el gluglu de los pies te llega a subir al cerebro. Otras, esos días que en un arranque de hoy soy una mujer entera , te has puesto faldas, , te has pintado de barbimamá, y a la noche te tienes que quitar las medias con soplete. Esto, el común de mortales. Que no hay tarde que no te cruces con una melena brillante sobre unos tacones de vértigo y en medio una señora toda limpia ella y pidas al Cielo que te caiga un burka encima justo cuando te la cruces, para no desmerecer. Que están también ( daros por aludidas, chicas) las amigas guapas, que comenten la desfachatez de ser guapas y además se amigas, y con cualquier cosita van estupendas, y encima te levantan el desfallecido ánimo ( incluso te obligan a acudir a divertidos eventos) . Y los padres, pero los superpadres de patio, que de esos no hablo para no generar suspicacias. Esos que producen tortícolis cuando pasean a sus chiquillos. Y el resto, el común de los mortales.

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