martes, 3 de abril de 2012
Vaya, parece que nos hemos gastado los presupuestos municipales y autonómicos en piscinas cubiertas varias. Hace tiempo que mis alumnos de la universidad me creyeron desahuciada por criticar el gasto desmedido del dinero público. Desmedido y aleatorio. Creímos que todos podíamos tener un todo terreno de alta gama, y disfrutar de instalaciones públicas desorbitadas. Y ahora no nos queda ni para lo básico. Y si teníamos dinero, ¿porqué no lo gastamos con cabeza? No tiene sentido que cada pequeño pueblo cuente con polideportivo, ni porque no sea lo deseable, sino porque quizás no haga falta. Ni hace falta seguramente que toda ciudad media cuente con un pedazo de auditorio. Ni que toda autonomía, o reino de taifas, cuente con un aeropuerto. Y si no hacía falta, incluso teniendo dinero, para qué se gastó tan estúpidamente. Justo en este momento, después de escribir las líneas precedentes, nuestro Presidente dice en la radio que no es momento de pabellones ni aeropuertos. Y pienso yo, mira que bien podía ser yo el Presidente, si venimos a decir lo mismo, con la diferencia de que yo esto lo denuncié en los años de bonanza en una clase universitaria con grave riesgo de que me rayaran el coche en el parking, y este listo lo dice ahora, a toro pasado. Este listo como todos los listos a los que les encantó la foto inagurando, no te digo pantanos, sino teatros.Lo que no alcanzo es a entender como es posible que en el gasto nos hayamos dejamos por el sinsentido. No nos aplicamos en lo público la fábula de la cigarra y la hormiguita, y así nos corre el pelo. Y escucho y leo la situación de un municipio cercano de tradición ferroviaria, con museo, con piscina cubierta y con dos centrales térmicas para más información. Parece que en el castigo del dispendio total se quiere incluir a la Secretaria y al Inerventor. Y yo, que he sido interina muchos años y sé lo que es volver el lunes y encontrar la mesa del Alcalde y la mía llena de botellas de martini vacías, lo siento por ella, por la Secretaria, pero ya va siendo hora de que todos los responsables en cualquier modalidad paguen la ruina ajena.
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