domingo, 29 de abril de 2012
No sé si he contado como fue mi reencuentro con la Misa dominical. Yo, como mucha gente de mi avanzada edad, decidí aparcar a un lado la religión por saturación, no en vano he sido de las que ha ido, obligada, a oír misa en latín y confesión diaria, y ángelus e incluso el ayuno de los viernes de cuaresma. Esas cosas, de adolescente, te impresionan, y llegas a la edad adulta y acabas tomando el aperitivo mientras tus amiguetes dan el sí quiero. Pero llegó una tarde septiembre y del tren que procedía de Barcelona, bajó Josipa. Josipa sólo puso una condición para entrar en nuestra vida, y fue que le permitiésemos practicar su religión. No en vano ella es católica y su familia había vivido una guerra con tintes religiosos. Lógicamente, ese aspecto fue favorable a mi elección. Así que el primer sábado que Josipa pasó en Tudela, sin hablar ni palabrita de castellano, decidí llevarla a Misa, por eso de librar el domingo. Como yo no era ni asidua ni espontánea, tengo que decir que nos hemos recorrido todas las parroquias de Tudela, hasta dar con la que nos gusta. Pero aquella primera vez, después de consultar en internet los horarios, nos fuimos a una parroquia que yo conocía de un bautizo y me parecía la mar de moderna. Allí nos plantamos, con harta frustración, puesto que estaba a puntito de comenzar la celebración y nos contábamos unos quince, siendo la media de edad de 70, y eso que Josipa no llega a los 26. Sale el padre trajeado , nos levantamos y de repente se abren las puertas del templo. Según giramos la cabeza, las dos vemos que entra, a hombros , un féretro. Josipa me miró boquiabierta con esos ojos negros que preguntaban pero cómo me traes a un funeral. A mí casi me da la risa y sólo pude articular un lo siento yo no me podía imaginar...Esa fue la primera de muchas miradas cómplices. Josipa ( tulipa para mis amigas) vuelve el 26 de junio, y yo no quepo en mí de ganas de abrazarla.
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