sábado, 18 de febrero de 2012

Me preguntaron en un cumpleaños infantil, de manera más o menos inocente, "que pienso yo de lo del Garzón" La pregunta la hizo una de las madres que se reunían en corro cuando me acerqué dispuesta a socializarme un poco. Tras el susto inicial, escucho a mi derecha a otra madre que comenta, " y del Urdangarían, que piensas del Urdangarin" Como si fuese la única persona en la fiesta con capacidad para pensar ( estaban mis hijos, así que no era la única pensante). Como soy impulsiva, hice además de abrir la boca para contestar. Suerte que un reducto de prudencia me contuvo. A mi alrededor, todo eran Quechuas y botas de monte. Es un poco complicado que me sincere con estas señoras, llevo una cinta de la Virgen del Pilar anudada en la muñeca y mis hijos desfilan por el pasillo tarareando el himno nacional. Pienso que estas cosas me pasan por llevarles a un colegio público, bilingue por cierto, gratuito, y estupendo. Pero no puedo decir lo que pienso, o no volverán a invitarnos a un cumpleaños jamás. Tampoco soy capaz de hacer un ejercicio de cinismo y decir lo que el patio espera oir. Así que opto por sonreir y ponerme a bailar Pakito el Chocolatero, que suena en la sala. Que cosa, la libertad.

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