viernes, 17 de febrero de 2012
Escucho con preocupación en la radio una noticia fatídica, el nuevo acuerdo de la Unión Europea con Marruecos, que según parece permitirá la libre importación de productos agrícolas del país africano, con el consiguiente desplome y ruina del agricultor patrio. Y me pregunto, de nuevo, ¿qué esperan los políticos que nos dirigen encontrar debajo del suelo de la península? En la época del boom inmobiliario, muchos sois los que me habéis oído decir, a propósito del precio del suelo de nuevas urbanizaciones, que aquello era una locura, que no íbamos a encontrar petróleo, ni gas, bajo la superficie de la ribera del Queiles. Esa fuente de riqueza limitada e inventada se agotó. Y ahora, ¿qué nos queda? No sigue quedando el suelo. El suelo agrícola más rico de Europa. ¿Porqué no invertimos y fomentamos esta fuente de riqueza propia? En vez de ello, los europeos deciden minar el mercado agrícola español, probablemente a cambio de alguna concesión pesquera. ¿Qué nos queda? Un turismo desaprovechado, cuántas veces no he recorrido parte de la rica geografía cercana y he pensado " si esto lo explotara un catalán...."El campo ha sido tradicionalmente el refugio que nos ha quedado tras las repetidas crisis nacionales. No debemos permitir que desde Europa establezcan una política que perjudique nuestra agricultura, el reducto que nos queda, ese que puede hacer que otros países nos demanden producto propio.
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