sábado, 18 de febrero de 2012
Estoy esperando ansiosa encender conocer alguna noticia sobre la boda de Marta Ortega, y caigo en la cuenta de que probablemente, no haya noticia alguna que alimente el morbo de la masa y nos proporcione una suculenta charla de patio de colegio. Ciertamente, no será porque la biografía de los protagonistas y partícipes del evento no sean dignas de interés. Podrían correr ríos de tinta. ¿Se trata de un actitud altiva? No es propio de la compleja idiosincrasia patria tanto recelo por la propia intimidad. Y me sugiere que ciertamente, quien es importante realmente, abre un abismo frente a quien pretende serlo sin motivo suficiente. Me pregunto que papel desempeñan ciertos personajes, que sin caer del todo en la farandula nacional, se hacen visibles en eventos varios, leamos aquí la hija de Bono, no recuerdo ni su nombre ni el de su marido, Elsa Pataki, espero que se escriba así su nombre, o Paz Vega, alejados ellos de la vulgaridad de los personajillos que alimentan la prensa amarilla, que no rosa, pero cuyo currículum no conozco que albergue mérito alguno. Seguro que cualquier acto cotidiano de la heredera de Inditex reviste mayor atención que la alfombra roja de los Goya. Seguramente no es que no exista este interés, sino que sus protagonistas se han preocupado de no crearlo, lo mismo que otros buscan esa aureola del "somos alguien, y además con caché" que tan ridícula me parece. Enhorabuena, señor Amancio.
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