martes, 21 de febrero de 2012
Como su señoría no se lo ha dejado decir a ella, lo grito yo y lo chillo y me dan ganas de abrir la ventana y soltarlo. Hijosdeputa.Escucho las campanas lejanas de alguna iglesia tañer y se me saltan las lágrimas, primero de pena al ver a esa madre llorar recordando dolorida e impotente la muerte de su hija de seis años, y luego de rabia. ¿Que maldita bandera legitima el asesinato de un niño? De un niño de seis años, como el que ahora duerme unos metros más allá de donde escribo estas líneas. Me apena tantísimo el dolor de esta madre que trato de hacerlo mio para consolarla, aún sin conocerla siquiera, sabiendo que probablemente jamás nos crucemos por la calle, ni nos reconozcamos. ¿Será el infinito el dolor que tuvo que sentir esta madre mientras arrancaba desesperada los escombros que cubrían el cuerpecito de su pequeña? No pretendo yo mover la pena que esta valiente mujer no ansía, sino hacer un acto de justicia, y que su grito de rabia llegue más alto, si es que es posible. Que no se apague la voz que clama justicia, aunque su señoría amenace con echarla de la sala.
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