lunes, 27 de agosto de 2012

Pan y circo, dicho popular que se remonta a los tiempos de los romanos, nuestros abuelos, y que designa las aspiraciones populares. Populares del pueblo español. Y así, gráficamente, desde los tiempos del Siglo de Oro, por no remontarnos más allá en el túnel del tiempo. Véase, por cercanía temporal, las corridas de toros con que distraían el estómago del populacho en tiempos de Carlos IV y Godoy. Y por fin, finaliza en el tiempo presente la temporada estival.Que cualquier observador interplanetario podría pensar que lleva durando desde 1800. Mismos gobernantes pasmados, mismas distracciones de las masas,  no tan hambrientas gracias, de nuevo, a la labor cristiana , pero igual de abandonadas. ¿Quién ha echado de menos a la prima de riesgo en los dos últimos meses? ¿Se ha acordado alguien del índice Nikei o del Ibex 35? Nadie. Estábamos tapándonos los oídos con el ruido de la charanga. Y los cohetes. Y hablando de fiestas y de cohetes, encontré ayer a un entrañable conocido, ocurrente, rápido y sagaz , que me comentó haber abandonado recientemente la vida política, por no soportar el desatino que supone quemar, literalmente, dar de arder, en palabras suyas, ocho millones de las antiguas pesetas, en tracas y fuegos, mientras se le niega a cáritas cualquier ayuda para dar de comer a quince sin papeles, alegando falta de partida presupuestaria. Y lo peor , o más absurdo, es que alguno de los mandatarios locales que apoyan estos desatinos, son médicos, de esos que invocan el juramento hipocrático para no dejar de atender necesitados ( y no tan necesitados) a cuenta del mermado erario de la sanidad pública, pudiendo, mucho mejor, atenderlos en su consulta privada, de las de a noventa euros la visita. Me pregunto que es lo que lleva a quienes con tanto poco acierto dirigen nuestro destino a mantener siete días de fiesta, a base de encierros y poco más, incitando al pueblo a salir, a beber, a olvidar...en vez coger un toro, de los tantos que recorren las recién reasfaltadas calles, y dar una salida digna a la maldita crisis. Puede que ahora, en la vorágine veraniega de las fiestas populares, no nos extrañe ver a la gente recogida por la calle, saludando, charlando...falta una semana para que llegue septiembre, y mcuhos, por no decir casi, todos, seguirán en la calle, por falta de un trabajo al que acudir. Entonces, tendremos que buscarnos otra excusa para mirar hacia otro lado, y no habrá toro del que escapar.

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