jueves, 23 de agosto de 2012
La dura vida de quienes sin estar especialmente capacitados ni haber sido incitados a ello en nuestra vida, se nos ocurrió comenzar a esta avanzada edad, y emocionarnos, en los logros deportivos. Yo me eduqué en un colegio de monjas que más que hermanas eran reliquias, y la gimnasia consistía en hacer la balanza en barra fija. Si te salía bien, un diez. La balanza en barra fija es algo que no he vuelto a ver hacer a nadie en mi vida, ni dentro ni fuera de las olimpiadas. Finalizada la etapa de la balanza y los patines de hierro, te convertías, salvo raras excepciones, en un ser apático cuyo objetivo era llevar el pelo con permanente y que no podía practicar ningún tipo de movimiento habida cuenta de lo apretados que llevábamos los pitillos a lavados a la piedra. Puede y sólo puede ser que en la época universitaria, en vez de dedicar cuatro años a escachar y agrandar el culo contra la silla, alguna de vosotros se dedicase a algún tipo de deporte. Yo no, yo fuí de las de la silla. Y cuarenta, o treinta años después, me echo a correr. La equipación la llevo del decatlon, pero la de serie me falta, me falta orden, base, fundamento, compañía y musculatura. Y como a mí, a muchos otros deportistas en ciernes poco antes de la jubilación. Así que vamos de lesión y lesión, y con el desespero de que tanto gasto médico mermará nuestra pensión a futuro. Yo misma, corro dos semanas como una locay me paso lesionada tres meses. Harta me tengo. Y puede ser el ligamento, el menisco, la rúcula...pero lo que es en la realidad es una falta evidente de musculatura que sujete todo lo que quiero llegar a correr. Eso en mi caso. En los demás, cada uno lo suyo. Que si la columna desviada de estudiar las oposiciones. Que si en el último parto me cosieron del revés y tengo pérdidas cuando boto. Que en que hora me operé las orejas , ahora llegan las primeras en todas las carreras. Mi generación, que siempre llega tarde.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario