domingo, 12 de agosto de 2012

Dice el admirado diseñador del buen gusto Armani que una mujer delgada con tetas, es un producto de ciencia ficción, una mujer biótica. La lectura de esta opinión ha supuesto un gran alivio, para mí y para muchas otras señoras. Andaba yo preocupada por la desilusión que las ya conocidas como madres volante , esas que amanecen a las nueve de la madrugada vestidas como si fuesen a Pacha, me habían producido una vez vistas sin los volantes y lentejuelas. De lo más moderado. Mucho brillo, y poca chicha. Y yo me preguntaba, además de la lencería que usan, cómo no se habían instalado prótesis. Y ya lo sé. Lo desaconseja Armani. Aunque no veo yo a las madres volante muy de leer Armani, pero mira, me han sorprendido. Lo mejor del verano para quienes practican el voayerismo, como yo, es el desnudo de los cuerpos. Y no por los cuerpos, no me produce especial placer su observación, ni siquiera me sube la adrenalina el depilado masculino, a mi edad, produce más placer el buen humos. No es la carne lo que me atrae, sino la cobertura, cuando la distinción que nos arropa se limita tantísimo, nuestra forma de ser, nuestra alma, queda totalmente al descubierto. Considero mucho más significativo un triquini que un abrigo de piel de marta. Y hablando de triquinis, hay señoras que debían pagar con trabajos a la comunidad por enfundárselos. Por contra, de mis paseos oculares en la playa de Salou recuerdo una joven esbelta,  un cuerpo perfecto además de una cara preciosa....y un triquini que oscurecía el sol. En ocasiones me pregunto cual es el oscuro placer de la observación, no me mueve la crítica, en absoluto, es una parte oscura del lado opuesto del corazón que produce un placer absolutamente personal. ¿Será eso mismo lo que sienten quienes se agolpan como público en los desfiles de París? ¡Madre mía, cada día me mimetizo más con Nati Abascal¡¡¡¡¡¡

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