lunes, 4 de junio de 2012
Tengo mucha suerte. Salvo en escasos momento de mi vida teñidos de oscuridad, siempre he disfrutado mirando a través de la ventana de mi lugar, con lo que veo. Hoy mi habitación de niña esta ocupada, pero los recuerdos de las tardes de sábado, el sol de primavera, los aviones cruzando el cielo azul, y yo sentada en el escritorio, estudiando, más o menos y contando aviones, vuelven con regularidad, como una agradable sensación . Contando aviones. Y me pregunto si las personas ven lo que les gustaría ver cuando miran a la través de sus ventanas. Alguien cuando se construye la casa de su vida, o cuando la compra, debería plantearse que uno de los momentos más íntimos, más satisfactorios, es cuando por la mañana mira a través del cristal. Así va a comenzar su vida día tras día, y ese primer momento seguramente, delante de un café más o menos rápido, marcará el resto de la jornada. Puede que no siempre puedas elegir un paraje idílico, pero no se trata de vivir en la Alcarría, sino de que ese primer momento te reconforte, que el despertar del día ( y si es posible cada uno de los momentos que pase delante de la ventana, incluido el de la despedida) te motiven. Si es que alguno de nosotros somos capaces de pararnos ese segundo a mirar por la ventana y observar el mundo. No para todos las ventanas tienen tanto significado o importancia. Hay quien domina la calle y eso puede hacerle sentir en una fortaleza. Hay quien domina a sus vecinos, y así defiende con ahínco su intimidad. Quien domina el cielo, y tienen esa sensación de esplendor. Y tu, ¿qué ves? Levantemos las persianas al mundo.
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