martes, 26 de junio de 2012
Cuando seas madre, te comerás un huevo. Hasta la saciedad me lo han repetido, todos los viernes de mi infancia hasta que me enviaron a las monjas, por no querer comer lentejas. Lo que no especificaron es que te comerás un huevo, si es que te has acordado de comprar huevos, y si te quedan ganas después de haberte tenido que chupar las aletas de la merluza, eso que nadie quiere y se tienen que comer, nos tenemos que comer, las madres, y que está lleno de espinas, y no te has tenido que comer, por no tirarlo, el bocadillo revenido de chorizo de la merienda, y te queda humor para freirte el huevo después del parque, la piscina, la playa, el parque, los chorros de agua, los chorros de agua del puente, y un helado de burriking, y vamos a jugar al comecocos. Es difícil que siendo madre, del estilo normal, te queden ganas de tener huevos, cogerlo, freirlo y sentarte a comértelo, sabiendo que alguien vendrá y te pedirá agua, o que le limpies el culete, que no llega, o que le des una untadita. Queda la posibilidad de reconvertirte en otro tipo de madre, la madregimnasio, que nunca se mancha ( desarrolla un repelente antimanchas y otro antohijos). Lo que pasa que a mí no me sale, yo me quedo en barbimamá, cambio a ken por bob esponja. Seguro que salgo ganando con el cambio.
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