lunes, 25 de junio de 2012

Hubo un tiempo en que Salou se convertía, los últimos días de junio, especialmente, y por tema vacacional-autonómico, en una prolongación de las Vascongadas. Recuerdo pasear distinguiendo la simbología propia de esta procedencia: flequillo recto, ellas, coletilla, ellos. Mucho Quechua, y visibilidad de la patria, en toalla, camiseta de la Real...y por si algún mortal del resto no cae en la cuenta, que le suena pero que no los ubica, mucho etorri gaisca a voz en grito, y aita etorri. Pues os comunico que tan simpática y singular postal veraniega ha desaparecido. La crisis, supongo. Siendo sustituida por una razón de grupo no menos peligrosa, y así, los rusos. Si ya era un riesgo echarle la bronca al mikel de turno que se metía con mis retoños y su castillo, ni te cuento al chavalín de ojos claros y padre cuatro por cuatro relleno de tatuajes, madre oriunda con carnes sobrantes saliendo del bikini, y acompañamiento familia-amigos extenso. A los rusos se les distingue por el brillo refulgente de los joyones dorados, porque usan la sombrilla de playa como paraguas quitasol, y por carecen de todo recato. Fuman sin parar, y te miran con condescendencia, sonriendo con esa sonrisa que dice no somos de la ue, ni falta que nos hace, pero nos la vamos a comprar enterita. Ayer osé abroncar a un chavalín con un tic nervioso en uno o dos pies que le impedía dejar de patalear un balón, molestando a mis tranquilitos chicos, que construian el castillo de loarre. Tuve suerte que los padres no se enteraron, porque al chavalin ruso le debi tocar la vena sensible, que la tiene al parecer,, y salió disparado corriendo hacia el lado contrario a la localización de su tribu. Cuando la manada cayño en la cuenta de que faltaba el retoño, a mí me faltó tiempo y ganas para señalar hacia donde había salido y colaborar en su búsqueda, no vaya a ser que se chive¡¡¡¡

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