viernes, 15 de junio de 2012
Recuerdo hace muchos muchos años, que las maestras de la escuela eran esas mujeres espigadas metidas dentro de una falda de tuvo de largura decentísima, hacia la mitad de la segunda parte de la pierna, un palmo por debajo de la rodilla, y pelo corto, con ese peinado tan imposible que sólo se consigue con litros de laca y que hace aparecer pelo en el cogote a base de levantar y ahuecar. Eran maestras y solteras, y por supuesto, imaginamos que enteras. En un tiempo en el que la soltería era considerada, además de extraña, un fracaso, y mucho mayor en las mujeres, no nos extrañaba sin embargo que estas mujeres no estuviesen casadas. Supongo que lo asociábamos a su condición de maestra. Vivían en los pueblos, en las casas de los maestros, y casi siempre provenían de algún lugar indefinido y poco conocido de lo que entonces se llamaba Castilla La Nueva, hoy Castilla La Mancha. Se les invitaba a los actos oficiales y oficiosos de aquel entonces, y aparecían ese día con un vestido nuevo, o un zapato de tacón ligeramente más alto, y acababan por sobrar en un palco plagado de señores y sus señoras. Eran de ir a Misa, porque provenían todas del régimen. Y ya entradas en años, un día se jubilaban y desaparecían camino de su pueblo en Castilla, y alguna vez han vuelto a algún entierro , y aquellas mujeres tan altas eran viejecitas bien conservadas, porque la soltería y la dedicación a uno mismo hace mucho por el uno propio. Y las comparas con las cariñosísimas señoritas con batas de colores, y trenzas, que hoy pueblan la escuela pública y que seguramente hoy se manifestarán reclamando lo que consideran es justo en su trabajo, y que seguramente lo sea. Ya no llevan zapato de medio tacón para despistar en los exámenes y pillarte copiando, ni te pegan una colleja por sorpresa si te ven despistada , ni se les trata de doña....En eso hemos ganado, cierto, pero no olvidaré jamás, y sin cariño ni añoranza lo digo, cierta frase de doña Taqui: Tenía tanta razón.
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