domingo, 10 de junio de 2012
En ocasiones, en muy pocas ocasiones, cuando escucho algo así como que en algún lejano remoto de lugar de Pakistan, de Liberia ( ¿alguien recuerda que existe un país llamado Liberia?), de Siria, han matado, han muerto, han aniquilado...a treinta personas, quince de ellos niños, , en un mercado, a la puerta de un colegio, o a , no sé, la cifra que decidan los redactores de la noticia, que puede o no acercarse a la cruda realidad...a veces, si me detengo a escuchar la noticia y me molesto en fijar la mirada en un punto del infinito, puedo imaginar que esas personas tenían una vida, una madre, un amigo, una novia, un futuro...quizás más oscuro que el nuestro, o no, el futuro, quien lo sabe, sueños y esperanzas....intento, mal, dedicarles un segundo de mi pensamiento, para que no sean un titular más, porque ese día alguien que había besado a su hijo, o que había aprendido a sumar, o que se había enamorado...se encontró el final en una esquina. Hace pocos días escuché la noticia, inapreciable, de una bomba en la puerta de una escuela. Y se asentó como una sombra en una esquina de mi pensamiento. El horror, cuando es tan lejano, desaparece. Y no es justo. Porque ninguna de las personas que murieron, merecía un final tan temprano y doloroso. Y tampoco merecía que ninguno de nosotros sintamos, por lejana, su muerte. El viernes algunas personas llevaban una prenda del revés, porque desean cambiar el mundo. Que pena sentir que los gobiernos están tan lejos que no recogen este sentimiento, ni ningún otro. Sólo los ceros que reclama la clase bancaria, que por cierto, ya puede aflojarse la corbata y respirar tranquila, la pasta que nos han dejado, es para ellos. .
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario