lunes, 23 de septiembre de 2013

Que pena tan grande que la humanidad haya decidido entrar en regresión, al igual que el envejecimiento de Matias Prats. Ya no me refiero al cuento de la mujer liberada, después de una mañana de falso testimonio por maltrato, eso lo das por perdido, este cuento ya no se lo creen más que los que chupan de bote. No, me refiero a inducida falta de privacidad unida a la ausencia de sentido común y sentimiento de lo propio. Que el mayor temor de una noche gamberra de juerga sana y de risas y bailes sea que algún imbécil te anuncie en facebook, es una pena mayor que la de Lola Flores acompañada del Caracol. Cierto que las abuelas nos lo dijeron, si no quieres que se comente, no lo hagas. Y cierto también que , desde ellas a nosotros, de siempre nos ha quedado lo oscuro, el refugio de lo desconocido, ya no para pecar, que allá cada uno, tan sólo para soñar, o volar, o jugar a ser otro por unas horas, o a tener otra vida. Un trocito de libertad sin remordimientos. Pero no. Jugamos a ser dioses omnipresentes y nuestra estupidez ha llegado en forma de móvil con cámara asociado a redes sociales. Cada nuevo instrumentos con cargador que añadimos a nuestro bolsillo, en la creencia de que nos hace más grandes, más poderosos, en realidad nos resta vida, y gracia y alegría. Cierto también que antes de los móviles con cámara, fue el día después del canal plus. Aquello tenía su gracia, y fue un chiste comparado con las cadenas que nos hemos impuesto, que salimos a la calle con la bola de preso atada al tobillo, y en casa tampoco nos la quitamos ni para ir en pijama ( el que use) . Pero mira que somos ceporros. Si algún tonto hubiese entrado una cámara de fotos a la cuebilla del teclas, salía con la cámara incrustada en el trasero. Que añoranza , de cuando aún podíamos ser un poquito malos¡¡¡

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