martes, 24 de septiembre de 2013

el cou

Moneda que esta en la mano, quizás se puede guardar, la monedita del alma, se pierde si no se da. Estos versos son de Antonio Machado. Y muchos otros que podría recitar de memoria, o recordar con sólo escucharlos. Y es que el COU hizo mucho bien por nosotros. Porque hay cosas eternas, y nosotros las aprendimos. Cierto que no sabíamos inglés, pero si sabiamos que los franceses no nos gustaban. No seré yo quien haga alegato de la educación que recibimos los que juntamos la generación que me incluye, las niñas dábamos pretecnología o sea, aprendimos a bordar, sí a bordar, y los chicos gimnasia. Y si las chicas dábamos gimnasia, hacíamos la balanza en barra fija. Era una educación sexista y confusa que nunca nos preparó para el mundo que nos esperaba, es cierto. Pero aprendimos. y aprendimos historia y literatura, y latín, y la  tabla de los elementos en química y la guerra de independencia, y antes la reconquista. Ahora aprender la reconquista resulta racista. Y puede ser un mal método que obliguen a los muchachos a memorizar, pero aquello era esforzarse, y el esfuerzo es un premio.Y ahora todavía recordamos, cualquiera que haya sido nuestro destino, que los borbones se degradaron a fuerza de endogamía y que nuestro destino lo guiaron validos como Godoy, sabemos lo que son los afrancesados, y quien era Amadeo de Saboya. Mas o menos, todos hemos oido hablar de Zamalacarregui y nos hemos leido el Lazarillo de Tormes. Seguro, del todo cierto, que los métodos han avanzado, que ahora se aprende mejor en la escuela, que lo nuestro fue una tortura. O quizás no fue para tanto, y a fuerza de repartir nos dejó un poso de cultura y de buena educación. Lo que es una pena que el progreso por regla general se trate de añadir edulcorante y ñoñería. Los niños son hoy mucho más importantes de lo que nunca han sido. Tanto que a fuerza de facilitarles el camino, puede que lo estemos andando por ellos.

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