Ayer sábado se celebraron, que sepamos, dos bodas. Una más importante que la otra, por supuestísimo, porque la boda de Irene y Jesús ha sido un acontecimiento trascendente en muchas vidas , el principio de un camino de intimidad, y de compañía, una boda importante ( y ciertamente magnífica, si me permitís, todo al detalle, todo , derrochando sensibilidad y buen hacer, propio de todos los protagonistas) Pero bueno, otra boda ha habido, y no la vamos a hacer de menos, porque lo que es entretenernos, y darnos tema para bordar, nos dará, y de bien nacidos es ser bien agradecidos. Y sin ser ni de lejos una celebración tan especial, la vamos a mentar, porque va a ocupar muchas de nuestras próximas sobremesas en compañía de nuestra malvestida y peorpeinada Ane , que es la prueba viviente de que en las provincias vascongadas el mal gusto no se limita la flequillo recto y las mallas de colores, sino que va mucho más allá. Y una vez le hemos hecho el remiendo a Ane, ¿de que bodorrio hablamos hoy? Hombre, pues el celebrado en Ronda. En principio no deberíamos conocer detalles del asunto, pero los móviles ( ay , añoranza de la vida privada no publicada) es lo que tienen, cámara de fotos, y la tentación es fuerte, el carácter débil, el bolsillo más débil aún, el vino que suelta los dedos y las lenguas...en fin, una concatenación de causas todas ellas adicionales y no necesarias porque el que hizo la foto la quería hacer y además se pasó la boda discurriendo como hacerla. Pero ya que la tenemos, a por ellos...¿boda temática? ¿Es acaso la novia la madrastra de blancanieves, con vestido tipo medievo, pudiente ( eso se sabe por la manga, si se utiliza más tela, más maravedíes costaba, y de ahí lo de la "tela" para denominar al vil metal), o ella misma es cenicienta, y la foto la sacaron según se le escapaba la calabaza? ¿Y el señor con chistera que la persigue? ¿ Es el príncipe o el guionista? Porque bien recordareis que los escritores de cuentos del XIX, sí que llevaban chistera, pero los príncipes azules no, porque van montados en su caballo blanco y sólo llevan un sombrerín con una plumita de lado ( tocado de lo más actual), y no una chistera, que si el caballo tiene que salir por patas, la chistera sale volando. Esta foto, lo siento por el listillo que la tomó, tiene mucha guasa, y aunque dice mucho del evento, (mucho más que la fotografía oficial y única con que nos regalaron el hijo de Carolina y la rica niña hippy, que eso fue muy fuerte y ya lo comentaremos, que pena y que tristeza de boda, ni un joyón ni una diademita ni una perla para la muchacha), ciertamente no nos satisface. Aparte de lo ridículo que puede resultar con casi cincuenta tacos escenificar tamaño romanticismo no exento de imaginación y poca gracia, nos falta el barro. Nosotros queremos explicaciones, la foto sin declaraciones y acompañamiento, sólo nos puede llevar a engaño. Y si no , mirad que mala remala he sido yo.
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