lunes, 30 de septiembre de 2013

Me preguntaron la otra tarde que cómo hacíamos antes para encontrar "las cosas". Yo, a un tris estuve de contestar, pues de toda la vida, la mía, en internet, Yo por google, de siempre. Pero no cuela, me delata la edad. Yo no ví un ordenador hasta la universidad, y no en primero. No tengo ni la más remota idea de cómo nos las arreglábamos. Porque lo que una enciclopedia, esa que te vendían en una reunión de padres del colegio, que se llevaban comisión las monjas (seguro) para mí que ya por sexto de la EGB, o más tarde. Y fijo que además, antes de sexto, no era recomendable que tuviesemos enciclopedia. Bueno, yo que he tenido amigas hijos de maestro, esas sí, pero eran casas cultas, con fotos en marcos de plata y sillones de terciopelo. Así que los de Espasa, o Planeta, te vendían la enciclopedía, bien a plazos, bien con regalo de un radiocasete. Y esa era la ampliación al libro de Ciencias Naturales y Ciencias Sociales. Te mandaban un trabajo, sobre un escritor, el que fuese, pues a la enciclopedia, y a copiar todo lo que ponía, y de alguno ponía bien poco y el trabajo lo hacías con letra grande, y si te decía algo la monja, claramente era una buenisima excusa que no ponía más en la enciclopedia. En el BUP, ya te adentrabas en el mundo bibliotecario. Y punto, el saber se reducía a los libros, si el trabajo era sobre la comunicación entre los monos ( este tipo de trabajos yo creo que no hacíamos) tenías un libro, para toda la ciudad, sobre el asunto y salvo los que libraban por saber dibujar bien o tenían un tío que trabajaba en un zoo, todos iguales. Aparte de la limitación, que hoy no comprendemos, tenía cierto punto de seguridad: las cosas eran como decían los libros, y tenías que saberte eso, el texto. A lo suma, saber analizar ese texto. 

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