domingo, 18 de agosto de 2013
mujeres
Hace casi un año que no abro esta página, y de corazón, es algo que ha tenido que ver más con la necesidad de estar callada, de silencio, que con ninguna otra cosa. Después de los meses, un viaje y un día, un día magnífico con mujeres extraordinarias y de pronto las palabras comienzan a salir de las yemas de los dedos. y digo, con mujeres extraordinarias, de esas mujeres que hacen del día una aventura trepidante e insospechada, de estas mujeres cercanas, vecinas, que tiran de carros y carretas, ya sea el trineo de Papa Noel o el carro de Zeus. Cada día, cada madrugada, es un empujón a la bola del mundo, que sigue girando porque ellas se empeñan. Yo no sé si tendré mucho que contar, el mundo esta cercano a destruir las pirámides por un quítame de aquí este Corán y me lo pones en otro lado. Y mientras tanto, las mujeres. Mujeres como las de hoy. Mujeres como las que anoche encontré en un mercadillo de (vaya)moros. Se reían frente aun puesto y reconocí, no se como, a FÁTIMA. Y no se cómo porque lleva la cabeza cubierta y estaba a mi espalda. Creo que fue por la risa. Esa risa de amiga. Ella y alguna de sus amigas, que visitan mi oficina buscando la solución a los problemas de tráfico de papeles, ellas que mandan a sus maridos a Marruecos en busca de papeles, siempre papeles, mientras se desgañitan currando en un matadero. Y se ríen en el puesto del mercadillo. No creo en al igualdad de los sexos, tendría demasiado que perder.
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