jueves, 29 de agosto de 2013

Al principio de los tiempos, estudiaba el que podía, o sea, quien contaba con medios económicos y no tenía que ponerse con once años a ejercer de electricista, o de albañil, o blanquear àredes, o lo que feuse, que los voy nombrando según aparecen en mi mente aquellas personas a quienes conocí y cuya vida laboral comenzó como relato.
Como el que podía era el único que tenía mínimo acceso a un educación o lo que más se pareciese a ella, se confundía el que valía con el que podía, y seguramente se perdieron muchos talentos a fuerza de necesidad, eso seguro, pero no es menos cierto que algunas mentes supieron hacer de su posición un trampolín y lanzarse valientes a piscinas en las que la vida luego, les llevó a nadar con soltura y orgullo.
Gente hecha a sí misma, autodidactas que leían, cuando podían, Zalacaín el Aventurero o la vida de Zumalacárregui y se atrevieron a apostar fuerte, con la grandeza que dá jugar con todas las fuerzas que uno tiene cuando es joven todavía y apartar el miedo con un gesto brusco.
Luego, hubo un tiempo en que estudiaba el que valía. A base de becas y de vender apuntes a ceporros pudientes, el que valía, conseguía sacarse la carrera de médico o de abogado y sacarse las oposiciones.
Y luego, todos. Ya se decidió que todos a estudiar. ¿ Justo?  Más injusto eran los tiempos de origen, seguro, pero esto no ni justo ni adecuado. subvencionar ceporros en aulas universitarias no es manera de construir un país de talentos. Especialmente, porque la escasez de recursos y la reticencia a ordenarlos de manera adeudada, esa estupidez que imprime carácter  y nos impide llamar a las cosas por su nombre, va a determinar que los recursos no sean proporcionados de manera justa. Hoy no se puede decir que la beca se la den a quien se esfuerce y tenga un expediente ya no brillante pero si que denote un trabajo y un talento, al menos. Eso es una burrada xenófoba . Esta especie de hiprocresía progre que  tiene, al parecer por exigencias del guión, nuestra clase política, nos va a hundir una generación de universitarios, sino es más. Por supuesto que considero necesario, lo más importante, dedicar recursos a la educación. Y más, a la pública. Lo predico y lo practico. Y facilitar el acceso a la educación. Y garantizar las becas a quien no pueda costearse los estudios. Pero no sólo dar peces, también aprender a pescarlos. Que el esfuerzo se recompense. Exigir un mínimo. Sino, la injusticia derivará hacia otro lado, siempre lo hace, y más cuando los recursos son limitados.

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