lunes, 7 de octubre de 2013
No todos somos iguales, o no lo aparentamos. Si el lunes yo voy por la calle con una trompeta metida en una mochila que me he colocado a la espalda, una bolsa de los angly bird con un balon dentro y dos boadillos, una botella de agua y un tatra brik de batido de chocolate, la mochila de kukuxumusu de ruedines, un maletín de mano de con partituras y otro de igual, también con partituras, pero de colgar al hombro, y hoy me falta, señores, la meleta del saxofon, que esa la coloco en un carrito con ruedas, y la engancho con unas cinchas, no quieran imaginar que queda de mí el viernes noche. Con todo este arsenal colgando,( y el bolso, que sigo con el de los cuatro kilos) la manicura no es un artículo de lujo, es de ciencia ficción. Lo de los pelos se arregla con un look informal, que es el único capaz de soportar semejante trajín, porque yo he sido valiente, señores, y he probado a ir alguna tarde con tacones y medias, y aparte que estas últimas hay que desenrroscarlas más que quitarlas al final de la tarde, sinceramente, entre el adoquín tudelano , de tesitura irregular, y el balanceo, la estabilidad corre mucho peligro y más que una señora , lo que asemejaba de este guisa era un bolo de los de bolera. No voy a pedir que instalen cuestas mecánicas en la calle del colegio como si fuese una pista de esquí, aunque ayudaría mucho. Las gafas de sol no las puedo usar porque se empañan, y el maquillaje , si sale el sol, cae cual lagrimones detrás de las orejas. Ropa de tintorería la justa, y cueros ninguno que no salen las lámparas. Así que cuando me cruzo con estas madres que han tenido el alumbramiento mental de alumbrar una única criatura, incluso una bella y linda princesita que no se mancha y lleva el polo blanco,( BLANCO) , o dos a lo más, pero alejados en el tiempo, para no acarrear más que la equipación deportivo musical de uno durante los años de la más tierna infancia, que os lo advierto se está prolongando una barbaridad, digan lo que digan sobre el adelanto de la adolescencia, y esta lívida mujer sin equipaje con la que me cruzo, lleva, ya no te digo tacones, siquiera manoletinas, y mechas en el cabello, y un bolso que no es un saco, y cazadora de cuero y un fular de seda....en fin, como si fuese El Escorial en plena aparición mariana. No me hago a un lado porque tengo la absoluta certeza de haber pasado inadvertida.
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